El silencio de Ciudad del Plata, en el departamento de San José, se quebró esta semana por una tragedia que dejó a toda una comunidad en estado de shock. Avril, una joven de apenas 19 años que cursaba el liceo, fue interceptada y asesinada a puñaladas en la vía pública por un compañero de clase. El caso, que ya es investigado como un femicidio, revela una frialdad y una planificación que ponen los pelos de punta: el agresor, de su misma edad, había utilizado inteligencia artificial para preparar el ataque.
La rutina de Avril se vio truncada en cuestión de minutos. Tras salir de clase, bajó del ómnibus y comenzó el trayecto hacia su casa, sin saber que era seguida. El atacante, que ya le había manifestado verbalmente un odio inexplicable, la abordó cuando la calle quedó vacía. Según los registros del caso, la agresión fue salvaje: recibió 41 puñaladas. A pesar de los intentos desesperados de un adolescente que presenció la escena y de otro vecino que intentó detenerlo arrojándole piedras, nada pudo evitar el desenlace.
La huella digital de la obsesión
Lo que más ha horrorizado a los investigadores y a la sociedad uruguaya es el nivel de premeditación. Durante las audiencias judiciales y el posterior análisis de sus dispositivos, surgió que el asesino no solo se había apropiado del arma homicida con dos meses de antelación, sino que había recurrido al Chat GPT para consultar detalles técnicos macabros.
Entre sus búsquedas, el joven preguntó cuáles eran los puntos vitales para apuñalar a alguien y asegurar una muerte rápida, cómo fabricar una bomba, e incluso sobre las penas legales por femicidio en Uruguay. Además, se detectó una obsesión patológica: había consultado a la IA si podía realizar una «conjunción» de sus nombres, una muestra clara de la obsesión que ocultaba detrás de su comportamiento introvertido en el salón de clases.
El debate sobre la inimputabilidad
Tras ser detenido y confesar el crimen, la Justicia uruguaya dictaminó la inimputabilidad del agresor, quien padecía esquizofrenia sin tratamiento previo. Fue internado en el Hospital Vilardebó bajo una medida cautelar de 180 días. Esta resolución, sin embargo, ha generado una ola de indignación y protestas en Ciudad del Plata.
«No podemos creerlo», repetían los vecinos durante las manifestaciones, expresando su descontento ante una medida que sienten que no hace justicia por Avril. Para la comunidad educativa del liceo, la herida es profunda. Grisel Rodríguez, una de sus docentes, describió a la víctima como una joven «comprometida, sociable y llena de ganas de vivir». La institución decidió suspender las clases, envuelta en una impotencia compartida por todos: el asesino también había sido alumno del mismo centro educativo.
El caso marca un antes y un después en Uruguay, no solo por la brutalidad del femicidio, sino por el desafío que plantea la interacción entre enfermedades mentales, la violencia de género y el uso de herramientas tecnológicas para fines criminales. Mientras la familia de Avril atraviesa el duelo más amargo, la Justicia deberá determinar si existen formas de prevenir este tipo de tragedias en un sistema que, hasta hoy, se siente desbordado por lo inexplicable.






