La tierra tembló este lunes en el extremo más occidental de Cuba, despertando el temor de los residentes de Pinar del Río y hasta de la propia capital, La Habana. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, un terremoto de magnitud 6.1 sacudió la zona, teniendo su epicentro a unos 104 kilómetros de Mantua, con una profundidad superficial de 10 kilómetros.
El movimiento telúrico fue lo suficientemente potente como para que la cotidianidad se viera interrumpida. En La Habana, muchos ciudadanos optaron por evacuar sus edificios como medida de prevención ante el vaivén. «Al principio sentí mareo, no pensé que fuera un terremoto», confesó Carmel Delgado, economista residente en la capital, quien vivió en carne propia la evacuación de su lugar de trabajo.

Más allá de las fronteras cubanas
Lo curioso de este evento es que no se limitó a la isla. El sismo fue reportado como percibido en varias ciudades de Florida, incluyendo Miami y Orlando, donde algunos complejos turísticos activaron protocolos de seguridad por precaución. Incluso en puntos de la costa caribeña mexicana, como Cancún, hubo testimonios de movimientos leves, lo que da cuenta de la extensión del fenómeno.
Afortunadamente, hasta el momento las autoridades no han reportado víctimas fatales ni daños estructurales de gran magnitud, aunque las evaluaciones técnicas continúan en curso. Este evento marca un año particularmente activo para el país, que ya había registrado otros sismos significativos en marzo pasado, esta vez en el oriente de la isla.

El oeste no es ajeno al riesgo
Aunque la mayoría de los cubanos asocia los terremotos con la falla Oriente —en el sureste del país—, el occidente tiene su propio historial. Episodios como los de 2020 y 2021 han demostrado que la zona de Pinar del Río también es vulnerable. Los especialistas locales y la red de monitoreo sísmico mantienen una vigilancia estricta, recordando que en esta región, aunque con menos frecuencia que en el este, los eventos de esta escala son una realidad latente.
Por ahora, la calma parece haber regresado a las calles de Pinar del Río y La Habana, pero el episodio sirve como recordatorio de que, en una isla situada en medio de un complejo sistema tectónico, la prevención y el estar preparados siguen siendo las mejores herramientas frente a los desafíos que plantea la naturaleza.






