El Hospital Pediátrico Pereira Rossell atraviesa uno de sus momentos más críticos en materia de gestión asistencial. La problemática vinculada al Pereira Rossell falta de insumos quedó al descubierto de manera dramática tras la renuncia de Gonzalo Costa, profesor de la Facultad de Medicina y pionero en la conformación del servicio de neurocirugía pediátrica del establecimiento. El profesional formalizó su dimisión mediante una carta dirigida a sus colegas en la que describió un escenario insostenible de deterioro operativo que abarca la suspensión sistemática de intervenciones quirúrgicas a niños.
Costa, quien se desempeñaba en la institución desde 2002 —año en que se fundó la especialidad en el centro asistencial—, advirtió que durante el último año las deficiencias materiales traspasaron los límites de la seguridad médica indispensable. Según expuso el especialista en su misiva, las carencias abarcan desde insumos básicos para posicionar pacientes en la mesa de operaciones hasta instrumental de alta complejidad tecnológica, una situación que pone en jaque la continuidad de la atención pediátrica.
En su escrito, el especialista utilizó términos categóricos sobre la realidad hospitalaria al afirmar que durante meses se estuvo al límite de la omisión de asistencia. La falta de respuestas efectivas por parte de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) terminó por precipitar su salida de la institución tras más de dos décadas de trayectoria técnica y académica.
En el Pereira Rossell falta de insumos y equipamiento básico para operar
El testimonio de Costa detalla una nómina alarmante de faltantes dentro del bloque quirúrgico. Entre los elementos ausentes se cuentan cabezales de pinchos, protectores antiéscaras, instrumental microquirúrgico adecuado, estudios de neuroimagen dentro de la sala de operaciones y microscopios quirúrgicos en condiciones óptimas. La ausencia de este equipamiento básico imposibilita la programación de coordinaciones y el abordaje seguro de patologías complejas.
Frente a las reiteradas advertencias presentadas por los equipos médicos a la dirección del hospital y al directorio de ASSE, la contestación oficial se limitó a señalar que no se disponía de partida presupuestaria. Esta justificación presupuestal fue catalogada por el profesional saliente como un freno inaceptable para garantizar la vida y la integridad física de los niños que dependen de la red pública.
La decisión de interrumpir la actividad quirúrgica programada respondió, según el especialista, a la imposibilidad de operar bajo estándares mínimos de bioseguridad y rigor técnico. El médico remarcó que continuar ejerciendo en tales condiciones implicaba asumir un nivel de riesgo inasumible en pacientes pediátricos gravemente enfermos.
Un servicio histórico destruido por la falta de inversión pública
La dimisión de Costa impacta de lleno en un servicio que se consolidó a lo largo de 24 años como el principal centro de referencia a nivel nacional para la atención de patología neuroquirúrgica infantil. Bajo su gestión y la de su equipo, la unidad desarrolló programas pioneros como el de cirugía craneofacial y el programa de cirugía fetal, este último articulado junto a la Fundación Álvarez-Caldeyro Barcia.
A este recorrido se suma la formación ininterrumpida de generaciones de residentes de la Universidad de la República que se especializaron en el Pereira Rossell. Sin embargo, el estancamiento de los rubros destinados a mantenimiento y actualización de equipamiento terminó por desarticular los avances alcanzados en las últimas dos décadas.
El desmantelamiento progresivo de la infraestructura quirúrgica no solo detiene el tratamiento de casos de alta complejidad, sino que dispersa la capacidad técnica acumulada por el personal de enfermería y los equipos médicos especializados que operaban en el hospital.
Aumento de la brecha entre la salud pública y la medicina privada
En el tramo final de su declaración pública, el neurocirujano cuestionó con severidad las prioridades de la política sanitaria nacional y el trato dispensado a los usuarios del sector público. El profesional calificó como una injusticia sistemática que a los niños de los sectores de menores recursos se les niegue el acceso a una asistencia digna, equipada con tecnología de vanguardia e internaciones adecuadas.
El especialista concluyó que la brecha prestacional entre la salud para sectores vulnerables y la atención en el sector privado continúa ensanchándose año tras año en Uruguay. La falta de equidad en la asignación de recursos termina por consolidar un esquema asistencial estratificado según el nivel socioeconómico de los pacientes.
El alejamiento de Costa deja vacante una jefatura técnica clave en el Pereira Rossell y reabre el debate sobre la transparencia financiera, los recortes presupuestales y la urgencia de reponer insumos quirúrgicos en el hospital pediátrico más importante del país.






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