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Mala praxis en Fray Bentos: quedó vegetativo y no hay juicio

La familia de Osvaldo Cardoso pide justicia tras quedar en estado vegetativo por una mala praxis en Fray Bentos. La causa judicial sigue frenada.

Fotografía de archivo del ingeniero Osvaldo Cardoso sonriendo antes de la cirugía.
Osvaldo Cardoso quedó en estado vegetativo tras ser operado de la vesícula en Fray Bentos.

Hay tragedias médicas que no solo destruyen una vida en minutos sobre la camilla de un quirófano, sino que condenan a toda una familia a un calvario diario de dolor, impotencia e incertidumbre burocrática. Es el desgarrador drama que atraviesa Osvaldo Cardoso, un ingeniero argentino de 57 años radicado en la ciudad de Fray Bentos (Río Negro), quien en 2022 ingresó a una intervención quirúrgica de rutina para extraerse cálculos de la vesícula y salió del centro asistencial sumido en un estado vegetativo irreversible.

La falta crítica de oxígeno durante la administración de la anestesia en el block quirúrgico le provocó una anoxia cerebral severa, sepultando por completo sus proyectos vitales y el sustento de su hogar. Desde aquel día fatídico, la lucha de sus seres queridos se ha dividido entre los dolorosos e ininterrumpidos cuidados paliativos en el hogar y la desgastante peregrinación por los pasillos judiciales de Río Negro para exigir que la responsable de la negligencia médica rinda cuentas ante la ley.

Un proceso judicial empantanado y audiencias suspendidas

Pese a que la Fiscalía recopiló elementos de convicción suficientes para formalizar la investigación e imputar a la médica anestesista por un delito de lesiones gravísimas por mala praxis, el expediente sufrió una paralización alarmante tras un cambio de sede judicial. Desde entonces, el camino hacia el juicio oral se transformó en un laberinto de postergaciones.

En declaraciones brindadas a Impacto Noticias, la esposa de Cardoso relató la desesperanza de encontrarse con un sistema que parece proteger el tiempo de los acusados por encima del dolor de las víctimas. «Fueron dos años que guardaron todo. Ahora seguimos igual: tanto mi defensa como la fiscal han trabajado incansablemente para poder empezar el juicio, pero ya van dos veces que las audiencias se suspenden», expresó con angustia.

El motivo de la última traba procesal radica en la situación de salud manifestada por la profesional imputada. La abogada defensora de la médica presentó certificados que acreditan supuestos trastornos psiquiátricos agudos que la mantienen incomunicada e imposibilitada de participar en instancias judiciales. Según la legislación penal vigente, la ausencia de la imputada por razones médicas frena de manera automática el desarrollo del juicio oral. En tanto, aunque el Ministerio de Salud Pública (MSP) le inhabilitó el ejercicio de la anestesiología, la profesional continúa ejerciendo tareas médicas en otras áreas de la salud.

Mano de un familiar sosteniendo la mano de un paciente en una cama de cuidados.

El deterioro diario de Osvaldo: «Se despierta y está totalmente ido»

Mientras los escritos y alegatos se acumulan en las carpetas de la sede judicial sin lograr abrir el debate oral, en la intimidad del hogar de Fray Bentos el paso del tiempo se mide en el deterioro físico diario que sufre Osvaldo Cardoso. La inmovilidad permanente ha comenzado a causar estragos en la estructura muscular y ósea del paciente, exigiendo la presencia diaria de kinesiólogos que intentan, sin éxito, frenar la rigidez de sus extremidades.

«Él sigue igual. Cada dos horas debemos colocarle gotas por la resequedad extrema en sus ojos. A nivel físico, cada día que pasa su cuerpo se pone más rígido, lo que dificulta aún más poder moverlo. Todas las articulaciones se van tensando más. Todos los días viene la kinesióloga y lo trabaja, pero sigue igual. Él duerme y, cuando se despierta, está totalmente ido», relató su esposa con el corazón destrozado.

El grito de una familia que se niega al olvido

La familia Cardoso apela a la sensibilidad de las autoridades judiciales para que se arbitren los peritajes psiquiátricos forenses necesarios que determinen la real aptitud de la imputada para afrontar el proceso o, en su defecto, se habiliten las vías procesales que permitan destrabar el expediente y dictar una sentencia reparadora.

Para esta familia, la justicia no es una abstracción ni una cifra estadística: es la única respuesta digna frente al cuerpo inmóvil de un hombre que entró caminando al hospital para liberarse de un dolor de vesícula y terminó condenado a una sombra de existencia en una cama de la que nunca más volverá a levantarse.

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