En uno de los momentos de mayor emotividad durante el «Encuentro con la realidad social» realizado en el barrio Casavalle, la vecina Angélica Ferreira compartió su testimonio de vida ante el papa León XIV. Representando a la comunidad local, la mujer ofreció un conmovedor discurso en el que evocó la figura del Servidor de Dios Rubén Isidro Alonso, conocido popularmente como el Padre Cacho, y el impacto de su labor en las barriadas más postergadas de Montevideo.
Con voz quebrada y haciendo un esfuerzo por contener las lágrimas, la pobladora del barrio Plácido Ellauri dio la bienvenida al sumo pontífice y rescató la memoria viva de quien fuera su amigo entrañable y guía espiritual. Durante su alocución, describió la sencillez del sacerdote uruguayo y la forma en que su presencia transformó la vida de las familias del lugar.
El recuerdo del Padre Cacho y la dignidad de la periferia
«Es una alegría su presencia entre nosotros. Vengo a traerle la memoria viva de un amigo entrañable de nuestra gente, un hombre de Dios: el Padre Cacho», expresó Angélica ante León XIV y los más de 2.000 asistentes reunidos en la parroquia Nuestra Señora de Guadalupe. En su relato, recordó la cercanía cotidiana del religioso, destacando su hábito de compartir el mate y el silencio en medio de las carencias del barrio.
Asimismo, resaltó la decisión del sacerdote de instalarse en la zona para vivir en las mismas condiciones que los vecinos. «Para el Padre Cacho era un hombre sencillo, de mucha escucha y de mirada limpia. En su humilde ranchito de chapa y cartón, como todos los que se levantaban en medio de la basura, Dios se hizo vecino», afirmó la mujer. Agregó que el religioso enseñó a la comunidad a reconocer su propia dignidad, trabajar en cooperativas y «descubrir que Cristo viaja en el carrito del hurgador».

La petición formal ante León XIV
Sobre el final de su intervención, la vecina transmitió al pontífice el deseo compartido por la feligresía y los pobladores de la zona de ver avanzar el proceso de canonización del sacerdote fallecido en 1992. «Santo Padre, le manifiesto el anhelo de muchos de que el Padre Cacho sea proclamado santo de las periferias y fuente de esperanza para el hombre», manifestó conmovida.
Ferreira concluyó su mensaje definiendo al humilde barrio como un faro para «los descartados», expresando el afecto de la comunidad hacia el sumo pontífice y asegurando el respaldo de sus oraciones. Tras las palabras de la vecina, el ambiente en el predio se llenó de aplausos y muestras de afecto, marcando uno de los hitos más profundos de la visita papal a Casavalle.





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