El papa León XIV cerró la intensa agenda de su segunda jornada en Uruguay con una multitudinaria vigilia de oración en el Estadio Centenario. Tras haber recorrido el barrio Casavalle y mantenido un encuentro con autoridades de la educación en la Universidad Católica del Uruguay (UCU), el líder de la Iglesia Católica llegó al recinto montevideano en la tarde de este sábado 7 de noviembre, donde fue recibido por miles de fieles que colmaron las tribunas tras realizar largas filas desde temprano.
La previa del evento estuvo marcada por momentos de recogimiento colectivo conducidos por el sacerdote Juan Andrés Verde, conocido como el «Gordo Verde», quien subió al escenario e invitó al público a rezar a la espera del pontífice, en una oración que culminó con una cerrada ovación de los presentes.
Diálogo con una sociedad secularizada
Durante su alocución en el Centenario, el sumo pontífice abordó el contexto sociocultural del país, haciendo referencia directa al «avance de la secularización y de una indiferencia religiosa cada vez más extendida». En ese sentido, observó que «en muchos lugares, la fe ha dejado de transmitirse con la naturalidad de generaciones anteriores».
No obstante, León XIV destacó que la comunidad creyente uruguaya ha sabido desarrollar su experiencia de fe en este escenario laico, sirviendo como testimonio internacional. «Su experiencia puede ayudar a hermanos y hermanas en otras partes del mundo que comienzan a descubrir, de distintas maneras, qué significa ser una minoría», afirmó el pontífice. Asimismo, recurriendo al relato bíblico del nacimiento en Belén, advirtió que «cuando se pretende construir un mundo sin Dios, se corre el riesgo de dejar también al hombre sin lugar».
Un llamado directo a la juventud y a la vida familiar
Uno de los momentos centrales del discurso estuvo dirigido a las nuevas generaciones y a los núcleos familiares. El papa exhortó de forma explícita a la juventud a asumir compromisos a largo plazo: «Jóvenes, ustedes mismos atrévanse a dar el paso casándose y formando una familia. ¡No le teman al ‘para siempre’!», proclamó.
En esa misma línea, el santo padre se dirigió a los matrimonios presentes para pedirles que abran sus hogares a la vida, «incluso cuando el mundo les diga que un hijo es una carga». A su vez, animó a quienes sienten vocación religiosa a responder al llamado y pidió a la ciudadanía actuar con integridad moral en la vida cotidiana. «Cuando ser justo y honrado tenga un precio, páguenlo. Cuando perdonar parezca una derrota, perdonen», remarcó.
El mensaje final y la devoción nacional
El pontífice explicó que el lema que guía su visita apostólica se inspira en el anuncio del Evangelio de Lucas a los pastores de Belén, recordando que esa alegría está destinada a «todo el pueblo», incluyendo a quienes no se encuentran en la búsqueda religiosa.
Sobre el cierre de la vigilia, León XIV instó a traducir lo vivido en decisiones cotidianas tras señalar que «Cristo no nos llamó a la mediocridad, nos llamó a una vida nueva y plena». Antes de concluir su intervención, el sumo pontífice encomendó la nación a la patrona del país: «Pongamos también nuestra vida bajo la mirada de Nuestra Señora de los Treinta y Tres». Tras la actividad, el pontífice retornó a la sede de la Nunciatura Apostólica para descansar antes de su viaje del domingo a Florida.





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