El papa León XIV brindó este viernes a las 18:46 horas su primer discurso oficial en suelo uruguayo en la Plaza Independencia, en el marco de la ceremonia formal de bienvenida tras su arribo a Montevideo. Con la estatua ecuestre de José Gervasio Artigas como trasfondo y ante la presencia de autoridades nacionales, el cuerpo diplomático y miles de fieles, el Sumo Pontífice comenzó su oratoria expresando su alegría por llegar a Uruguay y resaltando el valor de la institucionalidad y la democracia en el país, haciendo una mención directa a la gesta histórica del Éxodo Oriental.
A medida que avanzó en su mensaje, el pontífice centró sus palabras en el valor de la vida y la familia. En lo que constituyó una clara alusión a la legislación sobre la interrupción voluntaria del embarazo vigente en el país, enfatizó que «la familia sigue siendo el primer ámbito en el que cada persona es acogida». En esa misma línea, al referirse a los recién nacidos, sostuvo que «su dependencia de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece», añadiendo que «Jesús mismo quiso asumir esta condición al reencarnarse» y llamando a «que el padre se comprometa junto a la madre, que la familia preste su apoyo y condiciones sociales».
Mensaje sobre el suicidio, la atención sanitaria y el término natural de la vida
Uno de los momentos de mayor impacto del discurso estuvo dedicado a la problemática del suicidio, señalando a la soledad y a otros problemas invisibilizados como desencadenantes de las decisiones de autoeliminación. Al respecto, el papa León XIV lanzó una frase categórica: «Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia».
Posteriormente, el líder de la Iglesia Católica abordó el debate sobre la eutanasia y el cuidado de los enfermos a partir de su propia experiencia personal de salud, al recordar el tumor que le fue extraído semanas atrás. «He experimentado en primera persona las limitaciones que impone la enfermedad», expresó.
En ese sentido, consideró que «procurar que la atención sanitaria esté al alcance de cada persona independiente de sus recursos es una responsabilidad que interpela a toda sociedad», remarcando que quien atraviesa por esas circunstancias «no deja de ser miembro pleno de la sociedad» y que su fragilidad hace «más urgente que reciba la asistencia y los recursos que necesita».
Finalmente, el pontífice llamó a acompañar a las personas «hasta el término natural de su vida» y ofreció la colaboración de los medios y profesionales eclesiásticos para aliviar el dolor, concluyendo que la vida «conserva siempre un sentido y un valor, que no está solo y que tampoco en la oscuridad ha dejado de ser amado por Dios».





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