Las calles de Montevideo volvieron a ser el escenario de un episodio de violencia urbana extrema que encendió la alarma vecinal. Una mujer que caminaba por la vereda durante la tarde fue sorprendida por un delincuente que, desplazándose en una motocicleta, no dudó en subir al cordón, exhibir un revólver y perpetrar un violento robo a mano armada en Maroñas. Toda la secuencia delictiva quedó registrada de forma nítida por los dispositivos de videovigilancia privados de una vivienda de la cuadra, transformándose de inmediato en la prueba gráfica del desamparo que manifiestan las familias de la zona.
El asalto ocurrió en un contexto de total visibilidad, exponiendo la audacia con la que operan los delincuentes en este sector de la capital. Según el testimonio de la propia víctima, el agresor la acorraló contra la pared y, en medio de las amenazas de muerte para que no gritara, llegó a apoyarle el cañón del arma de fuego directamente sobre el cuerpo mientras le revisaba los bolsillos. En cuestión de segundos, el malviviente se apoderó de su cartera, el teléfono celular y la recaudación que llevaba consigo, dándose a la fuga a alta velocidad en el birrodado.
Este tipo de conductas criminales ya no se percibe como un hecho aislado en el perímetro barrial. En las paradas de ómnibus y en los mostradores de los comercios minoristas de las inmediaciones, los residentes comentan con resignación que la libre circulación de ladrones motorizados alteró drásticamente la tranquilidad de los horarios comerciales. El temor principal radica en la impunidad con la que se mueven por las calles internas tanto en solitario como en parejas delictivas.
La organización por WhatsApp ante la falta de respuestas
La reiteración de estos robos obligó a la comunidad local a ensayar sus propios mecanismos de autodefensa frente a lo que consideran una insuficiente presencia de patrullaje policial preventivo en los puntos críticos de Maroñas.
“Los delincuentes suelen atacar a personas que caminan solas, ya sea cuando salen a hacer un mandado o cuando regresan a sus hogares”, explicaron los habitantes afectados, quienes confirmaron que los blancos principales de las rapiñas callejeras son las mujeres y los trabajadores que se desplazan a pie en las primeras horas del día o al caer la tarde.
Como respuesta directa a este escenario de vulnerabilidad compartida, los residentes mantienen un canal de comunicación permanente mediante un grupo de WhatsApp comunitario. A través de este espacio virtual, que se mantiene activo las veinticuatro horas, se envían alertas en tiempo real sobre la presencia de motocicletas sin matrícula, autos sospechosos que circulan a baja velocidad o individuos en actitud de observación sobre las viviendas. El objetivo de la red digital es emitir avisos tempranos para evitar que algún otro vecino resulte herido en la vía pública en un nuevo robo a mano armada en Maroñas, en un barrio que exige medidas de seguridad urgentes antes de que ocurra una tragedia mayor.
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