La ópera prima de Joshua Giuliano llega en un contexto en el que el terror está rescatando la taquilla.
Comienza el Festival de Sitges y la película seleccionada para abrir el evento ha sido River, uno de los títulos de terror que ha generado gran expectación y entusiasmo recientemente en Estados Unidos. Tras su exitoso debut en la sección ‘Midnight Madness’ del Festival de Toronto, la cinta fue adquirida por Jason Blum para Blumhouse y cuenta con la distribución global de Universal Pictures. Esta película, escrita y dirigida por Joshua Giuliano, cineasta independiente nacido en Chicago (Illinois) en 1989, representa su primera obra a los 36 años.
En un momento donde el cine de terror está revitalizando la taquilla, con producciones como Backrooms, Obsession o la nueva entrega de Resident Evil, que demuestran que, frente al desgaste de otros géneros populares, el terror mantiene su capacidad de transformación y un espíritu juvenil envidiable. Al explorar la propuesta de Giuliano, la satisfacción ha sido inmediata: River es una ópera prima destacada que demuestra un sentido del estilo y unas ideas cinematográficas superiores al promedio.
Desde su inicio, la película presenta una secuencia de apertura de inspiración vanguardista digna de Jonas Mekas. A través de un montaje sonoro impactante, escuchamos cómo un implacable asesino en serie, arquetipo de villano slasher, ataca brutalmente a una pareja en el bosque. Sin embargo, la cámara evita mostrar la agresión en directo; en su lugar, se presentan planos fijos o de suave movimiento del paisaje antes y después del ataque. Esto genera un efecto poderoso, ya que lo que se escucha es aterrador, mientras que lo que se ve es inquietante. Esta combinación es realmente interesante y funciona como la mejor carta de presentación de la película.
La trama sigue a tres hermanos -con las hermanas interpretadas por Jessica Rothe, protagonista de Feliz día de tu muerte, y Jane Levy, protagonista de Posesión infernal de Fede Álvarez- que se aventuran en lancha por un río. Cuando la embarcación se avería, quedan a merced del asesino que acecha en las orillas. A partir de este punto, la película transita de las dinámicas típicas del slasher hacia un asfixiante survival horror. Giuliano demuestra un virtuosismo notable en la puesta en escena, con detalles muy cuidados y soluciones formales impecables para construir el suspense y filmar la violencia con auténtico terror.
Es cierto, sin embargo, que tiene una parte central que resulta un poco repetitiva y anodina. Hay momentos en los que, para aportar profundidad dramática, los personajes tienden a sobreexplicarse, aunque esto no resulta demasiado problemático. En conclusión, River es una película que funciona muy bien y no recurre a la tortura dramática hacia el espectador. Salir de la primera proyección de Sitges con una obra tan estimulante confirma que el festival comienza con un pie inmejorable.






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