La peripecia vivida por una pareja uruguaya en Colombia tras el devastador fenómeno telúrico de magnitud 7,4 en la escala de Richter refleja la delgada línea entre el azar y la tragedia. Martín Mesa y Sofía Tognazzolo se encontraban en la etapa final de un itinerario vacacional de dos semanas que había comenzado el pasado 31 de julio de 2026. Tras visitar Medellín durante cinco días y permanecer dos jornadas en la ciudad de Pereira, la pareja se había trasladado a Manizales para completar los últimos tres días de su recorrido por el territorio colombiano.
El destino jugó un papel determinante en el desenlace de su historia. Según explicó el propio Martín Mesa, el plan original del viaje contemplaba cerrar las vacaciones en la ciudad de Pereira. Sin embargo, una modificación de último momento los llevó a desplazarse hacia Manizales antes del inicio de la semana, decisión que les evitó enfrentar la onda destructiva en uno de los núcleos urbanos más castigados por el temblor.
Poco después de ocurrido el evento, la pareja pudo constatar la magnitud de los destrozos en el lugar donde habían pernoctado días atrás. Toda la cuadra y el entorno de la vivienda que ocupaban en Pereira sufrieron colapsos de gran envergadura y quedaron reducidos a escombros, un panorama desolador que contrastó con la situación de relativa contención que experimentaron en Manizales.
El dramático rescate y la evacuación de la pareja uruguaya en Colombia
Durante la mañana del lunes 10 de agosto, sobre las 7:30 horas, la tranquilidad del hospedaje en el que descansaba la pareja uruguaya en Colombia se vio drásticamente interrumpida. La alarma de emergencia sísmica integrada en el teléfono celular de Sofía comenzó a emitir un estridente sonido de advertencia segundos antes de que el suelo comenzara a sacudirse violentamente.
El inmueble donde se alojaban los jóvenes presentaba una arquitectura particular: una estructura de gran envergadura erigida sobre la ladera de una montaña. Al encontrarse ubicados en el tercer piso del edificio, los uruguayos comprendieron de inmediato que quedaban posicionados cerca de la base de la construcción ante un eventual colapso, por lo que reaccionaron velozmente para ganar las vías de evacuación hacia el exterior.
La experiencia de abandonar un edificio en pleno temblor representó un fuerte impacto emocional para los viajeros. Al provenir de un territorio sin actividad sísmica recurrente como el uruguayo, la violencia de las oscilaciones de la tierra y la incertidumbre del momento exigieron una respuesta rápida para reunirse con otros residentes en la vía pública a la espera de que cesara el movimiento principal y sus eventuales réplicas.
Daños en la infraestructura urbana y falta de servicios esenciales
Una vez en el exterior, la pareja pudo comprobar que el edificio que ocupaban y las construcciones aledañas inmediatas no exhibían fallas estructurales graves, más allá de fisuras superficiales y el desprendimiento de mampostería. Sin embargo, a medida que caminaron hacia una plaza céntrica buscando alejarse de las edificaciones de gran altura, el escenario urbano mostró las secuelas directas del temblor de 7,4 en la ciudad de Manizales.
A lo largo del trayecto hacia el espacio abierto, los jóvenes presenciaron numerosas viviendas derrumbadas y severos daños en el patrimonio arquitectónico local. Entre los destrozos más significativos, observaron la destrucción parcial de una emblemática catedral que habían visitado días antes, la cual perdió una de sus torres tras el colapso de la mampostería sobre la nave central del templo.
Tras la finalización del sismo principal, los uruguayos debieron enfrentar la parálisis operativa que afectó a la región. La interrupción generalizada de los suministros de energía eléctrica, agua potable y las severas fallas en las redes de telefonía e internet dificultaron los intentos de reorganizar su vuelo de regreso a Uruguay, que estaba programado originalmente para esa misma tarde del lunes.
El extenso viaje hacia el aeropuerto de Cali entre carreteras cortadas
Gracias a la conectividad secundaria obtenida mediante una tarjeta chip de una compañía telefónica local, los jóvenes lograron comunicarse con la aerolínea para gestionar las alternativas de reprogramación de sus pasajes. Ante el cierre de las terminales aéreas más cercanas a la zona de desastre durante la jornada del lunes, debieron pernoctar una noche adicional en el hotel de Manizales, bajo un clima de constante zozobra debido a la ocurrencia de réplicas de menor intensidad durante la madrugada.
El martes a primera hora, la aerolínea les ofreció una alternativa de vuelo con salida fijada para la mañana del miércoles desde el aeropuerto internacional de la ciudad de Cali. Con el objetivo de no perder la conexión, la pareja reunió sus equipajes y abordó el primer transporte interurbano de pasajeros que cubría la ruta entre Manizales y Cali a las 8:00 de la mañana.
El trayecto terrestre se transformó en un periplo complejo que se extendió por más de seis horas de duración. Los constantes deslizamientos de tierra, las rocas desprendidas sobre la carpeta asfáltica y las rajaduras en la infraestructura vial obligaron al transporte a avanzar a marcha reducida y realizar desvíos por caminos secundarios para sortear los tramos clausurados por las brigadas de emergencia.
El retorno a Montevideo tras pernoctar en la terminal de Cali
Tras arribar a la ciudad de Cali en la tarde del martes, la pareja uruguaya en Colombia se instaló en la terminal aérea para aguardar la salida de su vuelo, previsto para las 8:00 de la mañana del miércoles. Los jóvenes pernoctaron en las instalaciones del aeropuerto para garantizar su embarque con destino a Montevideo, el cual incluyó una escala técnica en el aeropuerto internacional de Panamá.
Con el alivio de haber dejado atrás las horas más dramáticas de la emergencia, Martín Mesa reflexionó sobre la vivencia señalando que el objetivo de ambos era aguardar el embarque para regresar al país y transformar el complejo episodio en una anécdota de viaje.
La vivencia de estos dos jóvenes uruguayos se suma a los diversos testimonios de ciudadanos extranjeros que fueron testigos de uno de los eventos naturales más intensos registrados en el territorio colombiano en los últimos años, donde la rápida reacción y un cambio fortuito de planes resultaron clave para poners a salvo.






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