Policiales

Papelón institucional: condenado por narcotráfico fue al dentista y nunca volvió

Giuliano Rocha Sánchez, líder del clan de La Teja, salió del penal sin custodia policial, se quitó la tobillera electrónica y desapareció.

Fotografía de Giuliano Rocha Sánchez, líder narco fugado del penal de Las Rosas.
Giuliano Rocha Sánchez, un líder narco que pidió para ir al dentista y se escapó de la cárcel (Captura programa Todo se sabe)

El sistema de garantías judiciales de Uruguay volvió a quedar en el centro de un duro escándalo tras confirmarse la insólita fuga de Giuliano Rocha Sánchez, un peligroso líder del narcotráfico que cumplía condena en el penal de Las Rosas, en el departamento de Maldonado. El delincuente, considerado por la Policía como el jefe de uno de los clanes familiares más poderosos y violentos del barrio montevideano de La Teja, obtuvo la autorización de un magistrado para concurrir a una consulta odontológica fuera del recinto carcelario, oportunidad que aprovechó para quitarse la tobillera electrónica y evaporarse sin dejar rastro.

El episodio roza el absurdo por las escasas condiciones de seguridad bajo las cuales se ejecutó el traslado. A pesar de haber sido condenado a más de cinco años de prisión por delitos graves que abarcan desde la organización de actividades de narcotráfico hasta la distribución de drogas y el lavado de activos, la Justicia le otorgó el beneficio de salir a la vía pública sin custodia policial. Para mayor gravedad, el encargo de trasladarlo hasta el centro de salud no fue la guardia del Instituto Nacional de Rehabilitación, sino su propio tío, un individuo plenamente identificado por los investigadores como integrante de la misma red criminal.

El historial de un clan acostumbrado a desafiar al Estado

La facilidad con la que Rocha Sánchez burló los controles contrasta de manera dramática con el inmenso despliegue policial y los recursos públicos que se requirieron para encarcelarlo. A finales del año 2025, en el marco de la Operación Babel, las fuerzas de seguridad montaron una serie de allanamientos masivos en la zona oeste de Montevideo que permitieron la captura de Giuliano junto a su padre, Javier Rocha, un histórico delincuente con antecedentes de narcotráfico internacional que se remontan a incautaciones de cocaína en España e itinerarios de tráfico en la región.

En aquel procedimiento de envergadura, la Policía incautó más de 1.200 kilogramos de estupefacientes entre pasta base, cocaína y marihuana, además de un verdadero arsenal con armas de fuego de grueso calibre, vehículos de alta gama, tarjetas de crédito, tecnología y grandes sumas de dinero en efectivo. La investigación demostró que los Rocha manejaban una estructura piramidal altamente profesionalizada, controlando decenas de bocas de venta y coordinando la logística sin tocar directamente la sustancia, lo que obligó a meses de inteligencia previa para lograr sentarlos en el banquillo de los acusados.

Una paradoja en la política de garantías que resuena en la región

Las grietas en los criterios de concesión de permisos de salida a delincuentes de alta peligrosidad no representan una grieta exclusiva del ámbito local, sino un fenómeno que genera severa preocupación en toda América Latina. En diversos países de la región, la aplicación automatizada de medidas laxas como el monitoreo mediante tobillera electrónica para miembros de bandas organizadas terminó sirviendo como una auténtica puerta de escape, devaluando el esfuerzo de los cuerpos operativos y exponiendo a la ciudadanía a la reinstalación inmediata de los capos territoriales en sus zonas de influencia.

La idea de que un delincuente de «elevada jerarquía» dentro del crimen organizado mantenga la conducta ética de regresar voluntariamente a un establecimiento penitenciario tras una consulta médica desafía la lógica elemental de la seguridad pública. Al entregar la responsabilidad de la custodia al entorno familiar del propio recluso, el sistema penal regala ventanas de impunidad que fracturan la credibilidad institucional y desmotivan la labor de los efectivos de primera línea.

La postura del Ministerio y la pasividad del Poder Judicial

El escándalo obligó a la pronta reacción del Ministerio del Interior, cuyo titular, Carlos Negro, debió salir a dar explicaciones públicas respecto a la postura del Poder Ejecutivo frente al fallo. En rueda de prensa, el jerarca remarcó que el traslado se ejecutó bajo una «autorización judicial expresa» e insistió en el respeto absoluto a la separación de poderes, prefiriendo no emitir opiniones directas sobre el criterio aplicado por el magistrado interviniente, aunque confirmó que la secretaría de Estado inició una investigación administrativa para reconstruir el minuto a minuto del incidente.

Por el momento, la resolución judicial que habilitó la salida del líder narco sin escolta sigue bajo la lupa de la opinión pública, mientras desde los ámbitos policiales se lamenta el tiempo perdido. La emisión tardía de una orden de captura internacional con notificación roja de Interpol se transforma en un mero formalismo burocrático cuando el fugitivo contó con días de ventaja y el respaldo logístico de su clan para cruzar las fronteras nacionales por pasos no habilitados.

Un llamado urgente a revisar los criterios de excarcelación

La fuga de Giuliano Rocha Sánchez marca un antecedente sumamente peligroso para la gestión de las cárceles y el tratamiento de los presos vinculados al crimen organizado en el país. La ciudadanía asiste con estupor a un escenario donde la rigurosidad desplegada para capturar a los criminales se diluye en las dependencias judiciales al momento de otorgar beneficios.

Resta saber si este bochornoso episodio impulsará una reforma urgente en los protocolos de evaluación de riesgo para salidas médicas de reclusos de alta peligrosidad. Para que la lucha contra el narcotráfico sea efectiva, el Estado no puede permitirse que la puerta de la celda se abra de par en par con la simple excusa de una cita al dentista.

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