El silencio de la zona rural cercana a la laguna Negra, en el departamento de Rocha, se convirtió este fin de semana en el escenario de un desenlace fatal. Lo que comenzó como una rutinaria partida de caza entre amigos terminó abruptamente cuando uno de los integrantes del grupo, un hombre de 60 años oriundo de Montevideo, nunca regresó al punto de encuentro pactado.
La dinámica era sencilla: después de recorrer el campo, el grupo decidió volver a las viviendas de la zona para descansar. Sin embargo, el hombre, que tenía raíces familiares en el este del país, optó por quedarse unos momentos más en el predio. Fue esa decisión la que marcó el inicio de una angustiosa espera para sus compañeros, quienes, al ver que los minutos se transformaban en horas y el cazador no aparecía, decidieron desandar el camino.
El hallazgo en la oscuridad del campo
La búsqueda, aunque breve, estuvo cargada de tensión. Al llegar nuevamente a la zona donde lo habían dejado, la escena estaba vacía. No había rastros de su presencia, solo el monte y el silencio característico de la noche rochense. El miedo se apoderó del grupo cuando, al revisar el perímetro, localizaron el cuerpo del hombre sumergido en las aguas de un tajamar cercano.
El cuerpo fue rescatado de un sector cuya profundidad rondaba los tres metros. Las primeras hipótesis que manejan los investigadores son claras: se trató de un accidente. El hombre habría resbalado por la orilla del espejo de agua, cayendo al interior sin posibilidad de salir, en un terreno que, por la humedad y la vegetación, suele ser engañoso para cualquier caminante, incluso para los más experimentados en la caza.
Un accidente que enluta al este
La noticia golpeó a la comunidad local. Aunque el hombre residía en Montevideo, sus vínculos con Rocha eran fuertes, y su presencia en la zona era frecuente durante las temporadas de caza. El tajamar, un elemento cotidiano en el paisaje agropecuario del este uruguayo, se transformó en una trampa mortal en cuestión de segundos.
Personal policial de Rocha se desplazó al lugar apenas recibieron el aviso, realizando las pericias correspondientes para confirmar que no existieron otras causas detrás del deceso. La Fiscalía trabaja ahora en el cierre de la investigación, aunque todos los testimonios de los compañeros apuntan a la misma mecánica: un traspié, una caída accidental y la imposibilidad de reaccionar ante una profundidad que resultó ser letal.
La precaución en zonas rurales
Este tipo de sucesos, aunque aislados, recuerdan los peligros inherentes de las actividades en campo abierto, donde la geografía puede cambiar con las lluvias o el desgaste del terreno. Los tajamares, esenciales para el riego y el ganado, representan un riesgo silencioso para quienes transitan zonas rurales sin conocer a fondo la estabilidad de sus bordes.
Mientras la familia realiza los trámites para el traslado de los restos hacia Montevideo, el caso queda como una amarga advertencia sobre los riesgos de separarse del grupo en jornadas de campo. En Rocha, la tranquilidad del paisaje esteño se vio interrumpida por una tragedia que pudo evitarse, pero que terminó con una vida en un instante de distracción.
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