La misión espacial BepiColombo comenzó con éxito la fase crucial de separación de su módulo de transferencia para iniciar el descenso y la captura en la órbita de Mercurio, tras un viaje de ocho años por el espacio. La operación, liderada de manera conjunta por la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA), busca desentrañar la composición interna del planeta más cercano al Sol, su origen primitivo y su eventual vínculo histórico con los procesos de formación planetaria en el sistema solar interior.
Desacople exitoso tras una travesía de ocho años
El módulo de transferencia MTM (Mercury Transfer Module), responsable de propulsar a la sonda desde su lanzamiento en octubre de 2018, se desacopló del conjunto científico. Este hito técnico permite a la estructura iniciar la compleja secuencia de maniobras de frenado necesarias para dejarse capturar por la gravedad del planeta rocoso.
Para alcanzar la posición actual sin salir despedida hacia el Sol, la nave debió completar nueve asistencias gravitatorias combinadas: una sobre la Tierra, dos en Venus y seis en el propio Mercurio. Este recorrido en espiral permitió ajustar la velocidad y trayectoria en uno de los entornos dinámicos más exigentes del sistema solar.

Dos orbitadores científicos para un entorno extremo
La misión BepiColombo está integrada por dos sondas independientes que trabajarán de forma coordinada:
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Mercury Planetary Orbiter (MPO): Desarrollado por la ESA para mapear la superficie, estudiar la composición mineralógica y analizar la estructura interna del planeta.
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Mercury Magnetospheric Orbiter (Mio): Diseñado por la JAXA para investigar el campo magnético, la magnetosfera y la interacción con el viento solar.
Ambas naves permanecerán acopladas temporalmente hasta completar la inserción orbital. Una vez divididas, operarán en órbitas elípticas diferenciadas bajo condiciones extremas, resistiendo temperaturas que superan los 450 °C y niveles intensos de radiación solar.
Las claves del origen planetario y la Luna
El interés de la comunidad científica en Mercurio radica en sus anomalías. Posee un núcleo metálico gigantesco que representa más del 60 % de su masa total y un campo magnético propio, característica atípica entre los planetas rocosos de menor tamaño.
Los datos que recojan los instrumentos científicos permitirán poner a prueba modelos teóricos sobre el colapso del disco protoplanetario primitivo. Entre los interrogantes principales se encuentra determinar si el planeta sufrió impactos colosales que despojaron su manto exterior, eventos violentos que habrían redistribuido material masivo en las etapas de formación de la Tierra y la Luna.
Asimismo, la misión analizará si existen depósitos de hielo de agua en las zonas de sombra permanente dentro de los cráteres polares, al tiempo que efectuará mediciones de alta precisión sobre la órbita mercuriana para evaluar predicciones derivadas de la Teoría de la Relatividad General de Einstein. Se prevé que las operaciones científicas regulares comiencen formalmente en abril de 2027.





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