En los pasillos del Palacio Santos, el humor del canciller Mario Lubetkin no es el mejor. Después de que trascendiera que el Ministerio de Relaciones Exteriores estaba coordinando con la embajada italiana una nueva escala en Roma para la segunda semana de julio, el jerarca ha dejado claro su malestar. Según pudo saber Búsqueda, Lubetkin evalúa ordenar una investigación administrativa interna. El objetivo es uno solo: encontrar al responsable de filtrar la hoja de ruta de una misión que, hasta hace poco, se manejaba en el círculo íntimo del despacho ministerial.
Para el canciller, la información es poder, y el hecho de que su agenda internacional —específicamente sus frecuentes viajes a la capital italiana, donde vivió dos décadas antes de asumir su cargo en la administración de Yamandú Orsi— se convierta en objeto de debate público no le resulta indiferente. Mientras el senador blanco Sebastián Da Silva le apunta en redes sociales con el historial de sus misiones, Lubetkin intenta contener los daños en un escenario donde cada vuelo es mirado con lupa.
El historial de las siete escalas
El mapa de ruta del canciller es, cuanto menos, llamativo. Siete viajes oficiales a Roma en poco tiempo no pasan desapercibidos en un Ministerio que, bajo sus propias directrices, ha tenido que restringir gastos debido a la «difícil coyuntura» económica. Los 48 días de viáticos percibidos por el ministro en tierras italianas han sido el centro de las críticas, tanto de la oposición como de sectores que cuestionan la priorización de los destinos.
La escena en el Ministerio es de manual: cuando la información trasciende, el hermetismo se vuelve absoluto. Hace pocos días, el propio Lubetkin se encargó de minimizar los rumores, señalando que si bien el viaje a Bruselas estaba firme para el 8 de julio —donde debe rubricar un acuerdo sobre licencias de conducir—, lo de Italia era un asunto «por verse». Sin embargo, las gestiones con la delegación diplomática italiana en Montevideo seguían su curso, alimentando la sensación de que el octavo viaje estaba más cerca de la realidad que del terreno de la especulación.
Un evento cancelado y el fuego cruzado político
La agenda del ministro está tan cargada de idas y vueltas que a veces los compromisos chocan entre sí. Lubetkin había dado el «sí» para participar en un foro sobre economía marítima en Génova, pautado para el 1 de julio. Al final, no podrá estar: la visita a Uruguay del presidente de Chile, José Antonio Kast, le obligó a quedarse en casa. Esos microdetalles, el cambio de planes de último minuto y el posteo de un senador de la oposición compartiendo el flyer del evento en Génova, terminaron de tensar la cuerda.
En el Palacio Santos saben que el ruido mediático no ayuda. Con una oposición cada vez más activa en el control de gastos y un gabinete que intenta navegar una caída en las encuestas, cualquier filtración de un viaje —especialmente uno a Italia— se siente como una derrota política. Ahora, el canciller no solo debe preocuparse por la agenda exterior, sino por tapar las goteras internas que permiten que sus planes de vuelo terminen publicados en los diarios antes de que él mismo pueda confirmarlos.