En los pasillos de la Torre Ejecutiva, el aire se siente denso. Ya no es solo la inseguridad la que preocupa en el Gobierno, sino el descontrol en la comunicación de un gabinete que parece tirar para lados distintos. El último episodio ocurrió esta semana, cuando el ministro de Trabajo, Juan Castillo, rompió el libreto —o al menos la sugerencia implícita de Yamandú Orsi— y salió a cuestionar la decisión de blindar patrullajes con vehículos del Ejército.
«Convengamos que para el conjunto de la sociedad, la imagen de que las calles estén patrulladas por camiones o camionetas del Ejército no es una buena cosa», soltó Castillo en Arriba gente. Para un dirigente comunista de su trayectoria, la «frontera» entre la soberanía nacional y la seguridad pública no es un detalle menor; es una línea roja. Sus palabras, que calificaron la medida como «shockeante», cayeron como un balde de agua fría en un despacho presidencial que intenta, a toda costa, mostrar una imagen de orden y acción.
El pedido de Orsi que nadie escuchó
A finales de mayo, en un Consejo de Ministros que todavía se comenta, Orsi había sido taxativo: pidió más diálogo interno y, sobre todo, que las discrepancias se resolvieran puertas adentro. «No es una tema de imagen ni de sensación, es un tema de acción: hay que resolver, la gente precisa que se le resuelva el derecho a la seguridad», disparó el mandatario horas después de las declaraciones de su ministro, en un mensaje que sonó más a correctivo que a gestión.
El uso de los Mamba MK7, esos blindados que suelen verse en misiones de paz o desfiles, ahora se proyectan para las calles de Montevideo. La estrategia, impulsada por el ministro del Interior, Carlos Negro, divide aguas. Mientras algunos sectores de la oposición y del propio oficialismo miran con recelo jurídico la intervención militar, la cúpula del gobierno parece haber decidido que la imagen de «mano dura» es el único salvavidas que le queda.
Un gobierno acorralado por los números
La situación de Orsi es, como mínimo, delicada. La última encuesta de Cifra es una foto que ningún estratega político quiere colgar en su oficina: la aprobación presidencial se hundió al 20%, mientras que la desaprobación trepó a un 65%. El episodio de la compra de su camioneta, que parece haber sido el catalizador del desplome, todavía resuena en las charlas de café y en las críticas opositoras.
En este tablero, cualquier fisura interna es una invitación al caos. Cuando el ministro de Trabajo dice que el uso de militares es «cuestionable», le está dando aire a la oposición y, de paso, marcando una identidad propia frente a una ciudadanía que, en los barrios más castigados, se pregunta si la solución es un blindado o una política social que no llega. La reunión entre la ministra de Defensa, Sandra Lazo, y el comandante en jefe del Ejército, Mario Stevenazzi, prevista para este viernes, será el termómetro definitivo: o el Gobierno logra alinear a sus tropas, o la desbandada será total.