La actividad productiva nacional logró finalmente quebrar la inercia contractiva del año pasado. De acuerdo con el Banco Central del Uruguay (BCU), la economía de Uruguay en 2026 creció 0,9% interanual en el primer trimestre.
Asimismo, la medición desestacionalizada registró una suba del 0,8% frente al trimestre anterior. Por consiguiente, estos datos marcan un claro alivio para el equipo económico. Es decir, la actividad se recupera de manera progresiva tras el freno que significó el déficit hídrico en las cadenas agrícolas.
Por otra parte, el Producto Interno Bruto (PIB) acumulado en los últimos doce meses cerrados a marzo se ubicó en los US$ 88.479 millones. En consecuencia, con este indicador, la riqueza por habitante se consolidó en la línea de los US$ 25.421 anuales. Esta cifra es una de las más elevadas de la región. Por lo tanto, el Poder Ejecutivo la utilizará como defensa de su gestión en los próximos debates parlamentarios.
En ese sentido, el consumo en supermercados, centros comerciales y ferias vecinales fue el sostén de este repunte. Por un lado, tanto el gasto de las familias como los egresos operativos del Estado se expandieron un 2,9%. Por otro lado, a esto se sumó el empuje del comercio exterior, con un incremento del 2,3% en el volumen de las exportaciones.
Las dos caras de la actividad: el desplome de la inversión y el freno del agro
A pesar del optimismo oficial, la lectura fina de los indicadores encendió focos amarillos. De hecho, los datos del BCU muestran debilidades en el entramado industrial y empresarial.
En efecto, la formación bruta de capital físico sufrió un duro revés al contraerse un 6,4% interanual. Esta caída deja en evidencia, fundamentalmente, la cautela del sector corporativo privado para hundir capital en el corto plazo.
Por esa razón, esta retracción de las inversiones impactó de lleno en el sector de la construcción. El rubro exhibió una caída del 3,4% en el trimestre. En concreto, el freno se debió a la menor cantidad de proyectos viales, obras portuarias y líneas de comunicación.
En una sintonía similar, el bloque de agropecuario, pesca y minería retrocedió un 3,7%. Sin duda, la baja responde a las menores cosechas de arroz y soja. Además, influyó una menor actividad en los frigoríficos por la escasez de ganado vacuno.
Por este motivo, la plana mayor del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) monitorea este comportamiento para la Rendición de Cuentas. El director de la Asesoría Macroeconómica, Braulio Zelko, destacó en redes que la economía retomó el dinamismo.
Sin embargo, en el gobierno ya dan por sentado un reajuste técnico en las metas anuales. Por lo tanto, la estimación de crecimiento global del 2,2% se reducirá a un entorno del 1,6%.
Ciertamente, este recorte responde a la volatilidad del precio del petróleo y a la incertidumbre por el conflicto en Medio Oriente. Estos factores obligan a manejar los números fiscales con extrema prudencia. Al fin y al cabo, las definiciones clave llegarán el próximo 1 de julio, cuando el BCU evalúe el destino de la tasa de interés.
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