Legislación en Colombia: una nueva estrategia para el sometimiento de grupos armados ilegales
Aprobación en el Congreso y respaldo del presidente
El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, celebró la aprobación en el Congreso de un proyecto de ley que establece condiciones más estrictas para el sometimiento de grupos armados ilegales a la justicia. La iniciativa, que reemplaza el enfoque de negociaciones de la política de “paz total” impulsada por su antecesor, Gustavo Petro, quedó pendiente de sanción presidencial tras su paso por ambas cámaras legislativas.
“La falsa paz total llegó a su fin”, escribió De la Espriella en la plataforma X, expresando su aprobación tras el respaldo legislativo a la propuesta. En su mensaje, agradeció al ministro de Justicia, Iván Cancino, por su compromiso y dedicación en la elaboración de esta iniciativa, que define nuevas condiciones para el tratamiento legal de los insurgentes.
Detalles de la ley y su impacto en los procesos judiciales
Votos y aprobación legislativa
El proyecto obtuvo la aprobación en el Senado con 57 votos a favor y 24 en contra. La Cámara de Representantes lo respaldó con 95 votos a favor y 10 en contra durante las sesiones del martes 3 de noviembre. Dado que ambas cámaras aprobaron el mismo texto, no fue necesaria una instancia de conciliación.
Condiciones y beneficios para los colaboradores
La nueva normativa contempla reducciones de penas de hasta el 50 % para los integrantes de base y del 30 % para los cabecillas, quienes deberán cumplir condenas de al menos diez años. Para acceder a estos beneficios, los implicados deben entregar armas, bienes y colaborar con las autoridades, facilitando información sobre la estructura y redes criminales relacionadas.
Entre las obligaciones de los sometidos están identificar a otros miembros, entregar a menores reclutados y secuestrados, colaborar en la localización de desaparecidos, así como revelar vínculos políticos y redes de corrupción. La propuesta no prevé suspender órdenes de captura, extradiciones ni operaciones de las fuerzas de seguridad, y excluye a quienes ocupen cargos públicos o participen en negociaciones de paz.
Contexto político y histórico del proceso de paz en Colombia
El cambio en la estrategia responde a una modificación en la política de seguridad del gobierno de De la Espriella, en contraste con la reanudación de las conversaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) iniciada en noviembre de 2022 por parte de Gustavo Petro. La capital cubana ha sido un escenario recurrente en los procesos de diálogo colombianos, desempeñando un papel crucial en la mediación y facilitating negociaciones.
Participación de Cuba y tensiones diplomáticas
Desde 2012, Cuba ha sido sede de las negociaciones entre el gobierno colombiano y las FARC, las cuales culminaron en el Acuerdo de Paz. Posteriormente, actuó como garante y sede de los diálogos con el ELN, también en territorio cubano, incluyendo la ronda de junio de 2023 que logró un acuerdo de cese al fuego bilateral por seis meses bajo la administración de Petro.
Sin embargo, el papel de Cuba en estos procesos ha sido motivo de controversia, particularmente tras el atentado con coche bomba atribuido al ELN en la Escuela de Cadetes de Policía General Santander en Bogotá en enero de 2019. El ataque dejó más de 20 muertos y 60 heridos, provocando una crisis diplomática. El gobierno colombiano, encabezado por Iván Duque, exigió la entrega de los responsables, incluyendo a los cabecillas, y suspendió los diálogos, acusando a Cuba de proteger a terroristas.
Relaciones internacionales y el papel de Estados Unidos
Estados Unidos ha reforzado su postura respecto a Cuba, incluyendo a la isla en la lista de países que no cooperan plenamente en la lucha contra el terrorismo en mayo de 2020. La administración de Donald Trump la designó como Estado patrocinador del terrorismo en 2021, en gran medida debido a la negativa cubana de extraditar a los dirigentes del ELN vinculados al atentado. Esto llevó a sanciones económicas y financieras adicionales, complicando aún más las relaciones diplomáticas entre ambos países.
Para sectores políticos en Colombia y Estados Unidos, la negativa de Cuba a entregar a los responsables del ataque y su protección a presos relacionados con actividades terroristas socavan la confianza en sus mediaciones y cuestionan su papel como facilitador en los procesos de paz en la región.





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