La chicharrita del maíz, o Dalbulus maidis, ha vuelto a captar la atención del agro en Argentina al mostrar un comportamiento diverso en diferentes regiones del país. Según el 41° informe de la Red Nacional de Monitoreo de esta plaga, las variaciones en las poblaciones de la chicharrita están generando preocupación, aunque la mayoría de la cosecha 2025/26 ya se encuentra fuera de peligro.
Diversidad regional en la presencia de la plaga
El informe detalla que en el NOA (Noroeste Argentino) y el Centro Norte las poblaciones de chicharritas se mantienen estables. Sin embargo, el NEA (Noreste Argentino) y el Centro Sur han registrado incrementos significativos, mientras que en el Litoral se observa una leve disminución. Estos comportamientos heterogéneos requieren estrategias adaptadas a cada región para mitigar los potenciales daños.
Preocupación por el achaparramiento del maíz
A pesar de la relativa tranquilidad debido a que gran parte de la cosecha ya está asegurada, las señales de alerta no han desaparecido. En las regiones endémicas, se ha observado una evolución preocupante de síntomas relacionados con el complejo del achaparramiento del maíz, especialmente aquellos compatibles con Corn Stunt Spiroplasma (CSS). Esta situación se agrava con los impactos observados en las espigas de ciertos híbridos de maíz.
Alejandro Vera, coordinador de la Red Nacional de Monitoreo, subrayó la importancia de mantener el impacto en las espigas por debajo del 10%. En el NOA y el NEA, donde históricamente la plaga y sus enfermedades han sido un problema recurrente, es vital trabajar en estrategias de control efectivas.
Estrategias de manejo y monitoreo
Vera destacó que la clave para enfrentar esta plaga reside en una estrategia integral de manejo. Es fundamental tomar decisiones basadas en la pirámide de manejo del vector, lo que implica monitorear sistemáticamente trampas y cultivos, elegir híbridos tolerantes y realizar aplicaciones oportunas basadas en datos de campo. Además, advirtió sobre la necesidad de controlar los maíces voluntarios o ‘guachos’ en áreas de siembra temprana, ya que estos pueden actuar como ‘puentes verdes’ para el vector si las heladas no son suficientes.
El panorama en las diferentes regiones
En el NOA, la situación sigue siendo delicada. Las chicharritas fueron detectadas en todas las localidades monitoreadas, y en el 82% de ellas se alcanzó el nivel máximo de capturas, con más de 100 adultos por trampa. Además, se ha observado un aumento en los síntomas foliares y alteraciones en las espigas de algunos híbridos.
El NEA presenta una tendencia similar, con el 71% de las localidades superando las 100 capturas por trampa. Este incremento está acompañado de una mayor expresión de sintomatología y daños reproductivos en ciertos híbridos. En contraste, el Litoral ha mostrado una reducción en la presión de la plaga, aunque todavía se registran niveles altos en algunas localidades de Entre Ríos.
Por su parte, el Centro-Norte ha visto un avance del insecto, con el 96% de las localidades registrando su presencia y el 58% alcanzando el nivel máximo de capturas. El Centro-Sur sigue siendo la región menos afectada, con casi la mitad de las localidades sin registrar presencia del vector y otro 21% mostrando detecciones mínimas.
Conclusión y recomendaciones
Con un panorama sanitario diverso y comportamientos regionales distintos, el mensaje técnico es claro: el monitoreo permanente y la eliminación de maíces ‘guachos’ serán herramientas clave para reducir la presión del vector antes del próximo ciclo productivo. En un cultivo que ha enfrentado una de sus mayores crisis sanitarias, anticiparse sigue siendo la mejor defensa.