En el fútbol uruguayo, contar estrellas sobre el escudo de la camiseta nacional siempre fue un ejercicio de memoria histórica y orgullo institucional. Mientras el mundo debate la validez de los dos torneos olímpicos de la década del veinte, una de las máximas leyendas contemporáneas de la Celeste pateó el tablero público al exigir que se incorpore un trofeo dorado, ganado sobre el césped del Estadio Centenario en el verano de 1981, como una consagración absoluta.
Diego Lugano, ex capitán y referente indiscutido de la Selección de Uruguay, reabrió una vieja discusión archivada al asegurar que el Mundialito o Copa de Oro de Campeones Mundiales posee los argumentos deportivos suficientes para transformarse legalmente en la quinta estrella de Uruguay. Para el ex defensor, la envergadura de aquel campeonato, organizado para festejar los cincuenta años de la primera Copa del Mundo de 1930, supera los estándares de exigencia de cualquier cita ecuménica moderna tradicional.
El torneo reunió en Montevideo a las mayores potencias que hasta ese momento se habían coronado en el planeta del fútbol: Argentina, Brasil, Alemania, Italia y el anfitrión. Ante la baja por agenda de Inglaterra, los organizadores sumaron a Holanda, la mítica subcampeona de las ediciones del setenta y cuatro y setenta y ocho. El certamen se transformó en una batalla de planteles titulares plagados de figuras de la talla de Sócrates, Toninho Cerezo, Karl-Heinz Rummenigge y un joven Diego Maradona.
Uruguay se coronó campeón invicto tras derrotar a Brasil por dos a uno en una final electrizante disputada el diez de enero de 1981, gracias a los goles de Jorge Barrios y Waldemar Victorino. El propio boletín oficial de la FIFA, presidida en ese entonces por João Havelange, catalogó al conjunto charrúa como el “campeón de todos los campeones del mundo”, un reconocimiento explícito que hoy sirve de base jurídica y moral para el reclamo del ex futbolista.
El argumento de la gloria celeste ante los ojos del continente
“La duda es si tenemos cuatro o cinco, porque el Mundialito del ochenta fue tal vez el evento… fue la Copa del Mundo más importante que se ha jugado. Eso creo que no hay discusión”, disparó el ex zaguero central en declaraciones a Canal 5. Residente en territorio norteño desde hace años por su histórico paso por el San Pablo, Lugano remarcó que en el propio suelo brasileño la magnitud de ese campeonato jamás se puso en tela de juicio debido al altísimo nivel de competencia desplegado.
El ex capitán vinculó su postura con la forma en que los organismos internacionales homologan torneos que variaron su fisonomía estructural con el paso del tiempo. Si la entidad matriz valida torneos intercontinentales o unifica criterios de competiciones antiguas, los defensores de la propuesta entienden que la Copa de Oro merece un lugar de privilegio en la indumentaria oficial, un paso administrativo que la Asociación Uruguaya de Fútbol aún evalúa con cautela diplomática para evitar roces con las oficinas de Zúrich.
Mientras el debate se traslada a las redes sociales y las peñas de hinchas, las palabras del histórico número dos instalaron una certeza en el ambiente deportivo metropolitano: la discusión por los títulos de la Celeste no pertenece únicamente al pasado en blanco y negro, sino que se mantiene viva en las convicciones de quienes defendieron la camiseta con el brazalete en el brazo.