El silencio de la madrugada montevideana se rompió de golpe. Apenas despuntaba el lunes, un estruendo seco frente al número 1200 de la calle Uruguay —entre Andes y Convención— puso en alerta a los vecinos de la zona. Lo que al principio pudo confundirse con un contenedor volcado o algún resto de pirotecnia de fin de semana, resultó ser un atentado con un artefacto explosivo contra la fachada del local del Servicio de Retiros y Pensiones de las Fuerzas Armadas, conocido popularmente como la Caja Militar.
A las siete de la mañana, la escena era inconfundible. El despliegue de patrulleros y el vallado perimetral que cortaba el flujo habitual de autos del lunes cortaban el tránsito, obligando a los transeúntes a desviarse. No había movimiento de personas en el edificio, y el hermetismo de los uniformados que custodiaban el perímetro era total.
Escena del hecho: el despliegue tras la explosión
Mientras los primeros oficinistas bajaban de los buses de la zona, los equipos especializados del Ejército Nacional ya peinaban la vereda, buscando restos de la detonación. La onda expansiva, aunque focalizada, dejó marcas visibles en el frente del local. La fragilidad de una zona de oficinas y comercios quedó expuesta por la imprudencia de un acto que, por fortuna, ocurrió cuando la calle estaba prácticamente desierta.
“Sentí un golpe seco, como si se hubiera caído algo muy pesado de una altura importante, pero vibraron los vidrios de casa”, comentó una vecina que vive a la vuelta, mientras intentaba entender por qué no podía llegar al kiosco donde compra el diario. La falta de heridos —confirmada oficialmente por fuentes militares— parece ser el único saldo positivo de un episodio que, en otra hora, pudo tener consecuencias trágicas para cualquier transeúnte.
La investigación en curso: sin detenidos
Hasta el mediodía de este lunes, no hay detenidos. La policía científica y los técnicos de las fuerzas militares trabajan a contrarreloj para identificar los componentes del explosivo y, sobre todo, para analizar las cámaras de seguridad de la zona, que es un hervidero de ojos electrónicos. El objetivo es determinar quién o quiénes llegaron hasta la puerta de la Caja Militar para plantar el artefacto y cómo escaparon en medio de la oscuridad.
El ataque contra este edificio, que gestiona la seguridad social de los retirados militares, no es un hecho que pase desapercibido. En el ámbito político y social, este tipo de actos de violencia directa contra una institución del Estado suelen encender alarmas. Mientras se terminan de limpiar los restos del material que impactó en la pared, la pregunta en los corrillos políticos apunta a la intencionalidad: ¿fue un mensaje político o una acción vandálica de mayor escala?
Un centro en alerta
La zona de la calle Uruguay ha sido testigo de manifestaciones y movimientos sociales de toda índole, pero un ataque explosivo es una escalada diferente. Los comerciantes del área miraban con desconfianza las cintas policiales, temerosos de que la investigación prolongue el corte de tránsito durante todo el día.
Por ahora, la prudencia impera. El Ministerio del Interior y los responsables de las fuerzas no han dado detalles sobre las posibles líneas de investigación, pero el operativo de “peinado” de la zona es exhaustivo. Montevideo amaneció con una noticia que rompe la monotonía del inicio de semana y que, seguramente, obligará a un refuerzo de la seguridad en edificios públicos que hasta hace poco se consideraban puntos de bajo riesgo.
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