El ambiente político en Florida no era el de una jornada de descanso. Con el peso de los números sobre la mesa y las críticas de la oposición resonando en el tablero público, el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, decidió pasar a la ofensiva. No hubo rodeos: frente a los micrófonos, el jerarca defendió la hoja de ruta que el Poder Ejecutivo y el Ministerio del Interior vienen trazando para intentar controlar una de las preocupaciones más profundas de la ciudadanía: la seguridad pública.
“Nosotros hicimos una propuesta en la campaña electoral para un gobierno que dura cinco años; no se hace todo en un año”, lanzó Sánchez, marcando una línea divisoria clara. Para el secretario, parte de la dialéctica política actual se ha vuelto un ejercicio de crítica automática, una postura que, a su entender, dista mucho de ser un aporte constructivo para el país.
Los números detrás de la defensa
El argumento central de la administración se apoya en los registros. Según el secretario, la tendencia muestra que la tasa de delitos, aunque sigue siendo un problema estructural pesado para la sociedad uruguaya, ha comenzado a retroceder. “El Uruguay ha logrado disminuir los delitos en el 2025 y en lo que va del 2026 también están disminuyendo”, afirmó con determinación.
Sin embargo, Sánchez evitó caer en triunfalismos. La tasa de criminalidad sigue golpeando la tranquilidad en los barrios y él es consciente de que los porcentajes no siempre se traducen en la percepción de seguridad que vive el vecino de a pie. “¿Alcanza?, no, porque es muy alta la tasa de delitos en Uruguay”, admitió. Esa frase, despojada de tecnicismos, fue su forma de decir que, aunque la dirección sea la correcta, el trabajo pesado apenas está en su fase de maduración.
Cambios en la cúpula y el mensaje al delito
Sobre los recientes movimientos en la cúpula policial realizados por el Ministerio del Interior, Sánchez fue enfático: no se trata de un simple cambio de nombres. El objetivo, explicó, es “fortalecer el trabajo en la persecución de los delincuentes, en la prevención de los delitos y en generar una ciudad y un país más seguro”. Es, en esencia, un intento de aceitar los engranajes de una fuerza que, desde hace años, vive bajo la lupa de una opinión pública que exige resultados inmediatos.
La oposición, que ha mantenido un tono crítico constante, parece no hallar un punto de encuentro con el Ejecutivo. Para Sánchez, existe una frustración latente ante la falta de reconocimiento por los avances. El pedido de fondo es un llamado a la madurez política: que la crítica sea sobre lo que falla, pero que se tenga la honestidad intelectual de reconocer los pasos positivos.
La apuesta final
El futuro inmediato de la gestión, según el secretario, está en la profundización. El foco no se moverá de la lucha contra el crimen organizado y la prevención en las calles. La advertencia hacia los delincuentes, pronunciada casi como una hoja de ruta, fue directa: si cruzan la línea, van a ser perseguidos.
Mientras las cifras seguirán siendo monitoreadas mes a mes en el Observatorio de Violencia y Criminalidad, el Gobierno parece decidido a mantener la postura de que los resultados requieren tiempo y persistencia. En un escenario donde el tablero de la seguridad se juega en cada esquina y en cada informe policial, Sánchez apuesta a que, al final del camino, el termómetro de la ciudadanía termine validando el esfuerzo por una vida más segura.
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