En el marco de la visita oficial del papa León XIV a Uruguay, uno de los momentos más conmovedores de la jornada tuvo lugar en el barrio Casavalle. Allí, durante el encuentro con la realidad social de la zona, una joven madre del barrio Marconi identificada como Caterin Silva compartió su duro testimonio de vida ante el sumo pontífice y los miles de fieles presentes.
Tomando la palabra frente a la comunidad, la joven relató los difíciles episodios que marcaron su infancia y juventud. Según detalló, con tan solo ocho años debió hacerse cargo de su madre, un contexto atravesado por situaciones de violencia y abuso que la llevaron a terminar en la calle a los 15 años. «Pasé por momentos muy oscuros. Tomé decisiones que me hicieron daño», expresó ante el auditorio.
La superación y el vínculo con la Iglesia
Silva relató que, aun tras haber formado una pareja y tener una hija de meses, continuó enfrentando situaciones de violencia extrema que la pusieron al borde de perder la vida. Explicó que durante mucho tiempo vivió rodeada de «aire, miedo y tristeza», enojada con su entorno y consigo misma, al punto de confesar que en momentos de desesperación pensó en abandonar a su hija, aunque reconoció que sintió que «Dios la detuvo».
El punto de inflexión en su vida se produjo al vincularse con la Iglesia a través del movimiento Takuru. Según relató, se acercó inicialmente en busca de empleo y encontró una red de contención humana. «Me acerqué buscando un trabajo y encontré una familia que me acercó a Dios», afirmó, destacando la paciencia y el amor con el que la ayudaron a reconstruirse «pedacito a pedacito» tras participar en un retiro espiritual.
El pedido final al papa León XIV
En el tramo final de su intervención, la joven madre destacó que hoy puede abrazar a su hija, jugar con ella y sentirse madre, aunque admitió que la lucha cotidiana continúa. Con un mensaje dirigido directamente al pontífice y a la institución eclesiástica, pidió que no se desvíe la mirada de los sectores más vulnerables.
«Por eso le pido a usted y a la madre Iglesia que no nos suelten la mano, que nos miren a los ojos y nos digan ‘¡vamos y vamos!’, que se puede», imploró Silva, cerrando su participación con un agradecimiento al papa León XIV por haber estado presentes y haberles tomado las manos en un momento tan significativo para la comunidad de Casavalle.





Dejá tu comentario
Comentá con tu nombre y Gmail. Tu correo es privado y nunca se publica.