Reclusos de alta peligrosidad que compartían pabellón con Joaquín “El Chapo” Guzmán en el penal federal del Altiplano escucharon durante semanas el sonido de taladros y herramientas provenientes del subsuelo, información que alertaron a las autoridades penitenciarias. Sin embargo, estas advertencias fueron ignoradas o los internos fueron amenazados con ser trasladados a otros centros, según testimonios revelados en la docuserie Operación Cisne Negro, producida por N+ Docs y estrenada este 27 de octubre en la plataforma ViX.
Testimonios de enemigos de “El Chapo” Guzmán en el penal
Las declaraciones corresponden a enemigos directos de Guzmán Loera —integrantes de Los Zetas, del Cártel de Tijuana y del Cártel Jalisco Nueva Generación— que estaban en el mismo penal de máxima seguridad donde el exlíder del Cártel de Sinaloa fue recluido tras su captura en febrero de 2014. El túnel de 1.4 kilómetros por el que Guzmán se fugó la noche del 11 de julio de 2015 se construyó durante un período estimado de 10 a 12 meses, dentro de los 16 que el capo estuvo preso.
Una vista de los túneles, reportada en julio de 2015, mostró que estos alcanzaban aproximadamente 1.5 kilómetros y permitieron la fuga del líder sicario, quien logró escapar del penal del Altiplano en una operación que aún genera controversia.
Documentos inéditos y construcción del túnel
La docuserie, dirigida por Héctor Lazo e investigada por Samuel Adams, incluye un video inédito de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) elaborado a principios de 2016 con los resultados de la investigación sobre la fuga. El material, que nunca fue divulgado en su totalidad, concluye que los trabajos de impermeabilización ordenados en el techo del área de tratamientos especiales durante el mes previo a la fuga fueron realizados para ocultar ruidos que delataban la construcción del túnel.
En ese pabellón convivían, separados por celdas individuales, algunos de los criminales más buscados en México: Héctor Beltrán Leyva, alias “El H”; Édgar Valdez Villarreal, conocido como “La Barbie”; Miguel Ángel Treviño Morales, “Z-40”; su hermano Óscar Omar Treviño Morales, “Z-42”; Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, y Teodoro García Simental, “El Teo”. Ninguno ocupaba celdas contiguas a la número 20, donde permanecía Guzmán Loera.
Salvador Martínez, apodado “Comandante Ardilla” y vinculado a Los Zetas, declaró en el video de la AIC: “Día y noche se oía taladrar, que estaba taladrando. Y ayer se oía un poco de ruido también y en la mañana también se fue dos veces la luz”.
En el mismo documental, «Z-42», «El Teo» y «La Bestia» relatan cómo una obra de impermeabilización, ordenada semanas antes de la fuga, sirvió para enmascarar el sonido de la construcción del túnel por el que Guzmán escapó. Óscar Omar Treviño Morales confirmó que “todo el tiempo” se escuchaba el taladro y que el ruido era constante tanto de día como de noche.
Teodoro García Simental añadió que los sonidos eran pasados y que, al quejarse, recibió amenazas directas. “Pues se oía como cuando están dándole al cemento. Se oían en las tardes, más en las tardes. Me dijeron que no estuviera diciendo nada de eso, porque de lo contrario, ni me iban a trasladar a otro centro de reclusión”, afirmó.
Por su parte, José Bernabé Brizuela, alias “La Besta”, vinculado al Cártel de Jalisco Nueva Generación, afirmó que el ruido de los trabajos en el techo servía intencionalmente para cubrir las actividades que ocurrían debajo: “Desde que empezamos a escuchar el taladro, empezaba a subir gente al techo. Y esa gente que estaba en el techo solo hacía pompa, porque solo nos estaban haciendo ruido para que pusiéramos atención en los del techo y no en los del taladro”.
Obras simultáneas en el penal y sospechas sobre la impermeabilización
La investigación de la docuserie revela que en las semanas previas a la fuga se autorizaron al menos cinco obras simultáneas en el penal del Altiplano: cambio de pisos en celdas, sustitución de rejas, renovación del sistema de cámaras de seguridad, reemplazo de inhibidores de señal celular y, precisamente, impermeabilización del techo del área de tratamientos especiales.
Esta última obra concentra las sospechas, ya que el contrato de impermeabilización fue adjudicado de manera directa —sin licitación— a una empresa privada en 2014, cuando Guzmán ya se encontraba preso. El contrato debía concluir en diciembre de ese año, pero un embargo del SAT retrasó su ejecución. En mayo de 2015, las autoridades penitenciarias reportaron que los trabajos no estaban finalizados. Posteriormente, el 29 de junio de 2015, se ordenó que la impermeabilización se realizara del 1 al 31 de julio, mes en el que Guzmán escapó.
El trabajo se llevó a cabo únicamente en el área de tratamientos especiales, no en ninguna otra parte del penal, y duró más de 20 días cuando, según registros internos, una obra de esa naturaleza normalmente tomaría aproximadamente una semana. Los productores de la serie explican que la impermeabilización fue ordenada desde la dirección, en un lugar donde se hacía mucho ruido para confundir los sonidos del trabajo en el túnel.
El día de la fuga y posibles fallas en los sistemas de seguridad
El 11 de julio de 2015, a las 17:00 horas, Guzmán fue sacado de su celda para una reunión con sus abogados que se prolongó una hora con 40 minutos. Durante ese tiempo, en las cámaras de seguridad se registraron ruidos constantes de taladro. A las 19:00 horas, Guzmán fue retornado a su celda. El video de la AIC muestra que, al ingresar, caminó rápidamente hacia el área de la regadera, cubrió la zona con una toalla y miró hacia la cámara, aparentemente consciente de que la fuga había llegado casi a su culminación.
Las grabaciones revelan que, aproximadamente a las 20:52 horas, Guzmán se dirigió por última vez al área de la regadera y desapareció de la vista de la cámara. En ese momento, dos instancias vigilaban a Guzmán: los monitoristas del propia penal, un equipo de la Policía Federal instalado en un cuarto separado y dos operadores del entonces Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN). Ninguna reaccionó a tiempo.
Paso de 18 minutos desde que Guzmán desapareció hasta que un monitorista de la Policía Federal notificó su ausencia, y otros siete minutos transcurrieron hasta que respondieron a la llamada. Finalmente, un custodio reportó: “Hay un hoyo en la regadera, jefe”. Aunque intentaron ingresar a la celda, pasaron 11 minutos más antes de que lograran abrirla.
El protocolo de máxima emergencia, conocido como código rojo, fue declarado 43 minutos después de la fuga. Para ese momento, Guzmán ya había recorrido los 1.4 kilómetros del túnel en una motocicleta adaptada con rieles, en un trayecto que tomó 19 minutos, según el peritaje. Se encontraron tres camionetas en espera en la salida del túnel, aproximadamente 400 o 500 metros de un cuartel del Ejército cercano a la bodega, que llegaron unos 24 minutos después de la evasión. Si el código rojo se hubiese activado oportunamente, estas unidades habrían sido detectadas.
La entonces procuradora general de la República, Arely Gómez, señaló en la docuserie: «Con una persona que hubiera hecho su trabajo, esto no hubiera pasado». Sin embargo, los dos monitoristas del CISEN que vigilaban la celda de Guzmán se contradijeron en sus declaraciones posteriores: uno afirmó que la pantalla se «pasmó» durante un minuto y medio, y el otro dijo que estuvo congelada por 20 minutos. Los peritajes posteriores determinaron que las pantallas no se habían quedado sin imagen.
La investigación de la AIC concluyó que, aquel día, todos los sistemas de seguridad perimetral del penal —incluyendo el sistema geofónico, alarmas en las mallas y inhibidores de señal celular— estaban fuera de servicio. Asimismo, de las 20 torres de vigilancia en el penal, solo cinco tenían personal operativo desde antes de la reclusión de Guzmán.
Manuel Mondragón y Kalb, excomisionado nacional de Seguridad responsable del traslado de Guzmán en 2014, narró que en esa ocasión advirtió al director del reclusorio sobre la posibilidad de que Guzmán intentara fugarse, recomendándole cambiarlo periódicamente de celda y ubicarlo en una zona central y elevada, sin éxito. La coordinación de penales federales, encabezada por Celina Oseguera, también propuso moverlo al área de infectocontagiosos, pero ninguna de estas recomendaciones fue atendida. Guzmán permaneció en la celda 20 durante toda su estadía.
Según declaraciones del propio director del penal, Valentín Cárdenas, la orden de mantener a Guzmán en esa celda provino de Ramón Pequeño, entonces coordinador de Inteligencia de la Policía Federal, quien en varias ocasiones fue llamado a declarar pero nunca fue formalmente investigado.
Tras la fuga, la Procuraduría General de la República detuvo a más de 30 personas vinculadas con el penal para rendir declaración. El monitorista de la Policía Federal conocido como Jaime pasó siete años y medio en prisión, a pesar de que su sentencia era de cuatro años y cuatro meses.





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