El gesto utilizado para difamar al expresidente sin pruebas

En la era de la inmediatez digital, las redes sociales han bajado la barrera de entrada al debate público a niveles preocupantes. Lo que antes requería fundamentos, datos o una mínima coherencia argumentativa, hoy se resuelve con un teléfono, un filtro y una buena dosis de audacia temeraria. El caso de la usuaria de TikTok que se hizo viral en las últimas horas es el ejemplo perfecto de esta degradación: un clip que comienza pretendiendo ser una defensa razonada sobre la polémica camioneta del presidente Yamandú Orsi y termina desbarrancando en una acusación sin pruebas, basada en una seña gestual tan vulgar como cobarde.

La mujer, cuya imagen en el video recorre los grupos de WhatsApp y las líneas de tiempo de X, utiliza un recurso retórico tan antiguo como bajo: la descalificación personal para desviar el foco. Mientras intenta justificar el ahorro del presidente Orsi con comparaciones que rozan el absurdo, su narrativa se quiebra cuando decide pasar al ataque directo contra el expresidente Luis Lacalle Pou.

La «denuncia» de salón: el gesto que delata la falta de argumentos

Lo más penoso del video no es su defensa política —cada quien es libre de apoyar a quien quiera—, sino la forma en que intenta «abrir los ojos» a la audiencia. Al llevarse el dedo a la nariz mientras menciona al expresidente, la usuaria recurre a la seña universalmente conocida para insinuar el consumo de estupefacientes. Es la jugada clásica de quien no tiene una sola prueba, una denuncia formal o un argumento de peso que sostener en un tribunal: instalar la sospecha en el terreno de lo innombrable, apelando a la malicia de su espectador.

Este tipo de «denuncias» esconden una cobardía intrínseca. Se lanza la piedra y se esconde la mano, utilizando el lenguaje no verbal para difamar sin asumir las consecuencias legales que conlleva una acusación explícita. Es, en rigor, un ejercicio de irresponsabilidad ciudadana que banaliza el debate político, convirtiéndolo en un barro donde lo que importa no es la verdad, sino quién es capaz de ensuciar más al adversario.

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La trampa de la «información alternativa»

La usuaria no se detiene en Lacalle Pou; su discurso serpentea por conspiraciones que van desde la industria farmacéutica hasta la gestión de pandemias, bajo el pretexto de estar «despertando a los dormidos». Es la vieja táctica de quien se siente poseedor de una verdad revelada frente a una masa de «tontos» que no ven la realidad.

Al final del día, el video no le hace ningún favor ni a Orsi ni al debate político uruguayo. Por el contrario, lo que hace es exhibir la fragilidad de un discurso que, al carecer de sustancia, necesita del insulto, la difamación y la pantomima para ganar un puñado de likes. La política, esa disciplina que debería ser el eje de la construcción democrática, queda reducida a un show de TikTok donde la indignación se fabrica a medida, la seña infame reemplaza al dato y la seriedad institucional se pierde en un gesto vulgar frente a una cámara.