
La Unvenu lanzó una alerta urgente para apurar la carga de los tanques ante el paro de Fancap de este viernes. Los estacioneros denuncian pérdidas millonarias mientras el público absorbe el impacto de un nuevo ajuste mensual.
Las estaciones de servicio del territorio uruguayo ingresaron en una cuenta regresiva que combina el descontento de los estacioneros con la resignación de los automovilistas. La Unión de Vendedores de Nafta del Uruguay (Unvenu) rompió la calma del sector con una advertencia sin rodeos: la población debe volcarse a los surtidores de manera inmediata si pretende evitar quedarse con el tanque vacío durante el próximo fin de semana. El cruce de un paro de 24 horas resuelto por la Federación de Funcionarios de Ancap (Fancap) con la inminente revisión del [precio de los combustibles] para el primero de junio estructuró un escenario de colapso logístico previsible que dejará, una vez más, a los consumidores en la primera línea de impacto.
La parálisis en las plantas de distribución comenzará formalmente este viernes a las 14:00 horas y se extenderá hasta la tarde del sábado. Sin embargo, el verdadero nudo ciego para el abastecimiento se desatará a partir del lunes, cuando el sindicato aplique un bloqueo estricto a las horas extras y a los cambios de turno en las terminales del ente estatal. Las petroleras privadas y la red minorista arrastran el desfasaje desde el fin de semana pasado, cuando los despachos desde las plantas de Ancap operaron bajo mínimos técnicos, dejando un remanente crítico que difícilmente resista la demanda de los próximos días.
En las estaciones de Montevideo y los nodos del interior la preocupación mutó en medidas de contingencia administrativa. El gerente de Unvenu, Federico de Castro, constató que la combinación de camiones parados y el rumor instalado de un encarecimiento de las tarifas provocará una distorsión inmediata en los patrones de consumo. La expectativa de un aumento empuja históricamente a miles de conductores a agolparse en las pistas para ganarle unos pesos al decreto oficial, una sobredemanda que la infraestructura actual, desprovista de reposición regular, es incapaz de asimilar sin quebrar el stock.
El interior en zafra y el fantasma del cupo en los surtidores
La crisis de distribución golpea con mayor dureza al aparato productivo agropecuario. En los departamentos del interior, donde la actividad se encuentra en plena zafra y la maquinaria pesada demanda volúmenes constantes de gasoil, el corte de la cadena de suministro frena la actividad de las flotas de transporte y la cosecha directa. Ante este panorama, el presidente de la gremial de estacioneros, Daniel Sanguinetti, confirmó que varios operadores evaluaron la aplicación de topes de venta por vehículo, una decisión comercial antipática pero necesaria para estirar las reservas de los tanques subterráneos y garantizar el funcionamiento de los servicios esenciales de emergencia.
La respuesta de los estacioneros apunta también al desequilibrio financiero que introduce el actual modelo de fijación de tarifas. Cuando el Poder Ejecutivo decreta un incremento, las estaciones que se quedan sin combustible debido a las medidas gremiales se ven impedidas de vender a precio viejo, perdiendo el margen operativo frente a una Ancap que despacha el producto al día siguiente con el valor actualizado y el margen de ganancia blindado. Este lucro cesante se digiere en los mostradores locales mientras los costos fijos de personal, luz y seguridad se mantienen inalterados.
La vulnerabilidad del sistema comercial se agrava por el alineamiento de los transportistas de carga agrupados en la Unión de Trabajadores del Transporte de Combustible (UTTC). La filial comunicó formalmente a las distribuidoras Axion, Disa y Ducsa que limitará los viajes de los camiones cisterna a un máximo de dos por jornada ante cualquier fricción interna de Fancap, anulando la alternativa de que las estaciones con flota propia mitiguen el bache logístico. El intento de sortear el bloqueo con fletes independientes choca con la amenaza de paros sorpresivos en los portones de las refinerías, clausurando cualquier válvula de escape para el sector privado.
Despachos oficiales sin margen de maniobra
El peregrinaje de los estacioneros por las oficinas públicas no arrojó resultados determinantes. Los contactos mantenidos con el directorio de Ancap y los equipos técnicos del Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM) terminaron en un callejón sin salida institucional, donde las jerarquías aducen la imposibilidad de intervenir en las prerrogativas del conflicto gremial. La pasividad oficial consolida una dinámica que se repitió en los últimos cinco ajustes tarifarios: cada variación del precio internacional es precedida por un conflicto en la planta de La Teja, trasladando el costo político y el desabastecimiento directo al usuario final.
Con los camiones amarrados y las estaciones racionando el stock, las próximas 72 horas medirán la resistencia de la red de distribución. El consumidor uruguayo asiste a una pinza perfecta donde la presión impositiva y el mercado externo empujan las tarifas al alza, mientras que la rigidez de las relaciones laborales del sector público le corta el acceso al recurso antes de que el nuevo esquema de precios entre en vigencia.





