Chile.- La Justicia ordena indemnizar a joven que perdió visión por el impacto de perdigón en las protestas de 2019

Indemnización a joven por daño ocular en protestas chilenas

La Justicia chilena ha dictado un fallo que ordena al Estado indemnizar a un joven que perdió la visión de su ojo izquierdo tras ser impactado por un perdigón disparado por un Carabinero durante las protestas de 2019. La decisión fue tomada por el séptimo juzgado civil de Santiago, que condenó al fisco a pagar 33.902.966 pesos chilenos, equivalentes a unos 32.500 euros.

El caso de Diego Eduardo Sepúlveda Miranda, un informático de 27 años en el momento de los hechos, se inscribe en un contexto de movilizaciones masivas que sacudieron al país en octubre de 2019. Durante esas jornadas de protesta, miles de chilenos salieron a las calles para manifestar su descontento con el sistema político y social. La sentencia destaca que el joven se encontraba en la Plaza Baquedano, un punto neurálgico de las manifestaciones, donde se limitó a tomar fotografías de la situación.

El informe de Carabineros, que fue parte del análisis judicial, establece que disparar perdigones a menos de 30 metros puede causar lesiones graves, incluyendo la pérdida de visión. El fallo señala que el funcionario policial apuntó directamente al rostro de Sepúlveda y disparó a una distancia estimada entre 5 y 10 metros, sin que existiera provocación alguna por parte de la víctima.

El relato de los hechos incluye que, tras el disparo, otra persona intentó ayudar a Sepúlveda, pero también fue blanco del mismo Carabinero, quien disparó nuevamente, generando otro herido en el lugar. La sentencia no solo aborda el impacto físico del disparo, sino también las secuelas laborales y psicológicas que sufrió el demandante, quien tuvo que someterse a una cirugía ocular y recibir terapia.

Contexto de las protestas y el uso de la fuerza

Las manifestaciones de 2019 fueron desencadenadas por un aumento en el precio del pasaje del metro, pero rápidamente se transformaron en un movimiento más amplio que cuestionaba las desigualdades sociales y económicas en el país. En respuesta, el gobierno del entonces presidente Sebastián Piñera declaró el estado de emergencia y un toque de queda, lo que intensificó la tensión en las calles.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió un informe en el que concluyó que las fuerzas de seguridad chilenas actuaron de manera desproporcionada, señalando un uso excesivo de la fuerza durante las protestas. Este contexto ha llevado a un debate sobre la actuación de Carabineros y la necesidad de reformar las políticas de seguridad en el país.

El fallo a favor de Sepúlveda se suma a otros casos similares, donde se ha evidenciado un patrón de conducta de las fuerzas de seguridad que ha afectado a más de 400 personas en situaciones análogas. La defensa del joven argumentó que su caso no es un hecho aislado, sino parte de un problema más amplio que requiere atención y acción por parte del Estado.

El impacto de este tipo de decisiones judiciales puede ser significativo en el ámbito social y político, ya que pone de relieve las responsabilidades del Estado en el uso de la fuerza y la protección de los derechos humanos. La indemnización no solo busca reparar el daño sufrido por Sepúlveda, sino también enviar un mensaje sobre la necesidad de garantizar la seguridad y el respeto a la vida de quienes ejercen su derecho a la protesta.

A medida que el país continúa lidiando con las secuelas de las movilizaciones de 2019, la atención se centra en cómo se abordarán las demandas de justicia y reparación para las víctimas de la violencia policial. La situación sigue generando un runrún en la sociedad, donde muchos de a pie esperan cambios significativos en la forma en que se manejan las protestas y la seguridad pública.

El fallo del séptimo juzgado civil de Santiago se convierte en un hito en la lucha por la justicia en Chile, reflejando las heridas aún abiertas de un periodo de agitación social que dejó profundas marcas en la población. La indemnización a Sepúlveda es un recordatorio de que las consecuencias de la violencia institucional no pueden ser ignoradas.

La sentencia se inscribe en un contexto donde la sociedad chilena sigue demandando respuestas y cambios estructurales. La necesidad de una reforma profunda en las fuerzas de seguridad y en la protección de los derechos humanos se hace cada vez más evidente, mientras el país busca sanar las heridas del pasado reciente.

La indemnización de 33.902.966 pesos chilenos es un paso en la dirección correcta, pero también plantea interrogantes sobre el futuro de la seguridad y el respeto a los derechos fundamentales en Chile.