Los operadores del litoral firmaron los contratos de adjudicación para mudar la comercialización mayorista a la nueva infraestructura. Con la luz verde de los servicios públicos y un año de gracia en los alquileres, el polo productivo salteño busca sepultar las rispideces electorales.
El sector granjero del litoral norte uruguayo empezó a escribir un libreto nuevo. Después de un largo tendal de idas y vueltas, reproches cruzados y el lógico desgaste de una obra monumental que parecía no arrancar nunca, los productores y operadores mayoristas estamparon la firma en los contratos que los convierten, oficialmente, en el motor vivo de la [central hortícola del norte]. La rúbrica de estos documentos deja atrás las formalidades de oficina para meterse de lleno en la ingeniería operativa: el ingreso de los camiones, la distribución de los cajones y el papeleo de los servicios esenciales de UTE que encenderán las cámaras frigoríficas de un complejo llamado a descentralizar el comercio agrícola del país.
Esta movilización de los colonos hortícolas y el reordenamiento de las pautas de comercialización local cobraron visibilidad, la información recabada por Uruguay al Día, en este marco, quedó en evidencia el esfuerzo de articulación técnica para zurcir las rispideces remanentes de la última campaña electoral, un período donde las urgencias políticas dañaron temporalmente los canales de comunicación entre la Intendencia de Salto y las agremiaciones de productores, obligando al Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) a intervenir como componedor institucional para salvar la viabilidad del proyecto.
El ambiente que se respiró en la sala de firmas mezcló el alivio de haber llegado a la meta con la incertidumbre típica de quien muda toda su estructura comercial a un entorno desconocido. Desde la cúpula de la administración departamental, encabezada por el intendente interino Francisco Blardoni y el secretario general Walter Texeira Núñez, el mensaje apuntó a calmar las aguas y a ofrecer certezas económicas. La Intendencia pateó el tablero de la viabilidad financiera con una medida de fuerte impacto para el bolsillo de los pioneros: no se cobrará un solo peso de alquiler durante los primeros doce meses de actividad, y los gastos comunes de limpieza, seguridad y mantenimiento general contarán con un subsidio estatal directo para que la transición no asfixie a los productores familiares.
Una gobernanza compartida para un cambio de paradigma
La operativa de este gigante del norte no quedará en manos de un único despacho oficial. La estructura de gobernanza diseñada para la central se hamaca sobre un modelo participativo que obligará a sentarse a la misma mesa a los delegados del MGAP —representados por Javier Texeira—, a los técnicos municipales como Martín de Abreu y Myrna Haller, y a los propios trabajadores del surco agrupados en Salto Hortícola bajo la vocería de Ítalo Tenca. Esta mesa compartida también sumará el ojo de otras comunas de la región, entendiendo que el mercado no es un asunto exclusivamente salteño, sino un imán logístico para los cultivos de Artigas, Paysandú y Rivera.
Los desafíos colectivos que se vienen de ahora en más no son menores. Sacar la venta mayorista de las viejas y apretadas locaciones céntricas de la ciudad para trasladarla a un nodo periférico moderno implica reeducar las conductas de compra de los fleteros y abastecedores de todo el territorio nacional. Los defensores del proyecto insisten en que los beneficios en el control de calidad, la inocuidad alimentaria y el fin de la intermediación parasitaria compensarán con creces los dolores de cabeza de los primeros meses de mudanza.
Con las carpetas bajo el brazo y los contratos firmados, los operadores ya manejan el calendario con los dedos. El próximo sábado 30 de mayo, cuando el reloj marque las 11:00 de la mañana, las cintas celestes y blancas se cortarán en el acto de inauguración oficial. Con la llegada prevista de ministros, intendentes de todo el corredor del río Uruguay y las familias que sostienen la producción hortícola bajo el nylon de los invernaderos, el norte del país intentará demostrar que puede fijar sus propios precios sin mirar de reojo lo que pasa en los mostradores de Montevideo.





