
El gobierno define contrarreloj las tarifas que regirán en junio bajo el fantasma de un crudo internacional que se niega a dar respiro. La ministra monitorea el contrabando fronterizo y confía en el colchón financiero de la petrolera estatal.
La ruleta mensual de los surtidores vuelve a girar en los despachos oficiales con el drama de siempre: el barril internacional no da tregua y la paridad de importación mantiene los nervios de punta desde marzo. Esta semana, el Poder Ejecutivo deberá destapar las cartas y anunciar las tarifas que marcarán el termómetro de las estaciones de servicio durante el mes de junio. En el centro del tablero se encuentra la ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, quien este martes mantendrá un encuentro clave con las autoridades de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua (Ursea) para desglosar el informe técnico que define el costo teórico de traer los refinados al país.
El panorama que manejan los equipos económicos de la Dirección Nacional de Energía y el Ministerio de Economía y Finanzas no tiene nada de idílico. Según los adelantos de la propia secretaria de Estado, las fluctuaciones de los mercados externos siguen clavadas en una meseta alta, que quema cualquier optimismo de una rebaja sustancial en los mostradores locales. Con el crudo aferrado a las nubes, la discusión real en la Torre Ejecutiva ya no es cómo bajar los [precios de los combustibles], sino qué tanta espalda le queda a la contabilidad pública para amortiguar el impacto y evitar que los costos operativos se trasladen directo a los fletes y a las góndolas criollas.
La mirada oficial también tiene un ojo puesto en la geografía de las fronteras, donde el diferencial de precios con Argentina y Brasil altera constantemente los mapas de demanda interna. Cardona admitió que, junto al regulador, se vigila con lupa el comportamiento de las estaciones del litoral y del norte, donde el ingenio popular y las asimetrías cambiarias vecinas suelen desinflar las ventas de la petrolera estatal. El monitoreo busca medir el daño real en la recaudación antes de firmar el decreto definitivo de las tarifas de junio.
El paraguas financiero de la refinería estatal
La gran interrogante que desvela a los sectores productivos y al transporte de carga es si Ancap dispone de los músculos financieros necesarios para asimilar una suba internacional sin tocar los surtidores de Montevideo y el interior. Al respecto, la ministra de Industria dejó entrever que la empresa viene planificando el escenario con un esquema de prevención de daños, apelando a herramientas de ingeniería financiera de cobertura exterior. La clave del mes radica en el seguro contratado específicamente para abril y mayo, una póliza que buscaba sellar los costos frente a las oscilaciones más violentas del crudo de Texas y el Brent.
La efectividad de ese blindaje será el eje central de las simulaciones matemáticas que los técnicos ministeriales pulirán en las próximas horas. Si los desembolsos de la aseguradora cubren los baches del desfasaje de importación, el gobierno podría estirar el statu quo tarifario un mes más; de lo contrario, el margen de maniobra de la petrolera quedará reducido al mínimo justo en el arranque del invierno, un período tradicionalmente complejo para el consumo energético global.
Mientras las planillas de excel van y vienen entre los despachos del equipo económico, el humor social mide sus propias variables. En un contexto de rispideces con los gremios públicos —con COFE plantando bandera contra las directrices presupuestales de gasto cero—, un retoque en el precio de la nafta o el gasoil representaría combustible político de alta combustión para el debate parlamentario en curso.





