Una vida marcada por el legado
Mariska Hargitay, conocida por su icónico papel de Olivia Benson en la serie de NBC «Ley y orden: Unidad de víctimas especiales», ha dejado una huella imborrable en la televisión estadounidense. Con 27 temporadas a sus espaldas, se ha convertido en una de las figuras más queridas de la pantalla chica. Pero su vida no se limita a su carrera como actriz. En su reciente aparición en el podcast «Charla de premios», grabado en el StreamFest del Valle de Napa, Hargitay compartió reflexiones profundas sobre su vida, su familia y el impacto que ha tenido la tragedia en su trayectoria.
La actriz, que ha ganado un Emmy y dos Globos de Oro, se adentró en el doloroso recuerdo del accidente automovilístico que en 1967 cobró la vida de su madre, la famosa actriz Jayne Mansfield. A través de su documental debut, «Mi madre Jayne», Hargitay busca no solo honrar la memoria de su madre, sino también sanar las heridas que ese evento dejó en su vida. «Definitivamente no recuerdo el accidente», confesó, dejando entrever la complejidad de su relación con los recuerdos de su infancia. «El tipo de trauma que soporté definitivamente permanece en el cuerpo», añadió, refiriéndose a cómo el trastorno de estrés postraumático la acompañó durante años.
El peso de la herencia
Hargitay también habló sobre la presión que sintió desde el inicio de su carrera. «Mucha gente me dijo que cambiara cosas sobre mí», recordó, con un tono que mezcla ironía y resignación. Desde su nombre hasta su apariencia física, la actriz enfrentó constantes críticas que la llevaron a cuestionarse. «Eres demasiado baja. Eres demasiado alta. Eres demasiado étnica. Eres demasiado hermosa. No eres bonita», enumeró, reflejando la brutalidad del juicio ajeno en el mundo del espectáculo. Sin embargo, su respuesta fue clara: «Al final del día, dices: ‘Lo que sea'».
La vida de Hargitay dio un giro inesperado cuando, a los 34 años, estuvo a punto de perder la vida en un accidente de motocicleta. «Pensé que me moría viajando por el aire», recordó, con una mezcla de incredulidad y alivio. En ese momento, la sombra de su madre y su abuela, quienes también fallecieron a esa misma edad, la persiguió. «Cuando tu madre muere a los 34 años y tu abuela muere a los 34, piensas que vas a morir a los 34», reflexionó. Pero ese accidente se convirtió en un punto de inflexión. «Dije: ‘Oh, no soy mi madre, y no tengo esa maldición kármica'», expresó, marcando un antes y un después en su vida.
El camino hacia la dirección
A lo largo de su carrera, Hargitay ha crecido junto a su personaje, Olivia Benson. «Fue hermoso porque hubo una especie de crecimiento paralelo», comentó, destacando cómo ambas han evolucionado en sus respectivos roles. Ahora, se prepara para dirigir el episodio número 600 de «UVE», un hito que la deja atónita. «Es una locura. Ni siquiera yo puedo descargarlo», dijo, reflejando la emoción y la responsabilidad que siente ante este nuevo desafío.
Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. Durante la filmación de la temporada 24, Hargitay y su coprotagonista, Chris Meloni, se encontraron en desacuerdo con el creador de la serie, Dick Wolf. Habían filmado una escena en la que sus personajes se besaban, pero la versión que se emitió fue un «casi beso». «Creemos que sentimos que este momento se lo habíamos ganado», comentó, con un dejo de frustración. «No estuvimos de acuerdo porque pensamos que era merecido», añadió, dejando entrever la complejidad de las decisiones creativas en la televisión.
Un viaje de sanación
El documental «Mi madre Jayne» no solo es un tributo a su madre, sino también un viaje personal de sanación. «Comencé una película para conocer a mi madre y descubrir por qué se tomaron esas decisiones», explicó. A través de este proceso, Hargitay ha encontrado respuestas y ha sanado viejas heridas. «Vi la voz privada. Vi a esta mujer en su voz pública en su carrera que ella misma construyó», reflexionó, destacando la dualidad de la vida de su madre.
La actriz también se mostró orgullosa de lo que ha logrado. «Creo que estaría muy orgullosa de mí y muy agradecida de ser presentada al mundo como la mujer maravillosa, compleja y hermosa artista que era», dijo, con una mezcla de nostalgia y gratitud. A pesar de las dificultades, Hargitay ha logrado construir su propio camino, uno que honra su legado familiar mientras forja su propia identidad en el mundo del espectáculo.
Mariska Hargitay, una figura emblemática de la televisión, continúa desafiando las expectativas y explorando su historia familiar, mientras se prepara para dirigir un episodio que marcará un hito en su carrera.
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