Policiales

Violencia fuera de control en Uruguay: cuatro homicidios en pocas horas y el país sangra sin freno

Efectivos de la Policía Científica trabajan en una escena de violencia fuera de control en Uruguay

El deterioro de la seguridad pública alcanzó niveles alarmantes y confirma una violencia fuera de control en Uruguay. En un lapso menor a 24 horas, las estructuras criminales impusieron su ley de sangre en distintos puntos del territorio nacional, dejando un saldo trágico de cuatro personas asesinadas a balazos, la muerte de un niño de apenas ocho años tras recibir un disparo y un audaz ataque sicario a metros del Hospital Maciel contra un sujeto que sobrevivió por tercera vez a un intento de ejecución.

La espiral de barbarie no encuentra freno ante la mirada de las autoridades de la Jefatura de Policía de Montevideo y del Ministerio del Interior. En la periferia de la capital, la barbarie urbana se cobró la vida de un hombre de 59 años en el barrio Flor de Maroñas. La víctima fue acribillada a balazos y su cuerpo hallado sobre una zanja en un descampado de difícil acceso. En esa misma zona, vecinos aterrorizados denunciaron que las bandas criminales abren fuego diariamente con fusiles de asalto a plena luz del día para adueñarse de las fincas y expulsar a las familias trabajadoras.

El horror en las calles capitalinas prosiguió a las dos de la tarde en un cruce semaforizado, cuando dos sicarios a bordo de una motocicleta interceptaron una camioneta y abrieron fuego a quemarropa contra sus ocupantes. El conductor, de apenas 23 años, fue mortalmente alcanzado por los proyectiles y perdió el control del vehículo, impactando contra varios automóviles estacionados antes de desplomarse sin vida.

Las causas detrás de la violencia fuera de control en Uruguay y la inacción policial

La carnicería no se detuvo allí. En el barrio Peñarol, un joven de 20 años fue acribillado en medio de una lluvia de casi 30 disparos ejecutados desde una moto a alta velocidad. Siete proyectiles impactaron directo en el torso y el hombro de la víctima. Pese a no poseer antecedentes penales, el joven figuraba en los registros policiales por indagatorias menores, lo que refuerza la hipótesis de ajustes de cuentas cruentos ejecutados por bandas territoriales que operan con total soltura en la zona oeste de Montevideo.

Fuera de la capital, la sangría se extendió hacia el interior del país. En la ciudad de Carmelo, departamento de Colonia, un hombre de 27 años fue ejecutado de un disparo directo al tórax durante la noche del lunes, mientras que en el departamento de Rivera conmocionó el fallecimiento de un niño de ocho años que recibió un impacto de proyectil de rifle de aire comprimido en la cavidad ocular dentro de su propia vivienda.

Estos episodios configuran un escenario sombrío donde las armas de fuego de diverso calibre circulan sin control alguno, mientras los operativos de patrullaje preventivo son desbordados sistemáticamente por la logística y el poder de fuego del hampa.

Tercer atentado sicario a metros de un hospital público

El nivel de audacia criminal quedó en evidencia en pleno casco histórico de la capital. A escasos metros del Hospital Maciel, en la Ciudad Vieja de Montevideo, un grupo de sicarios que se desplazaba en un automóvil disparó a discreción contra dos hombres que caminaban por la acera. A pesar de provocar destrozos en múltiples vehículos estacionados, los agresores no lograron su cometido y las víctimas resultaron ilesas.

El objetivo central del ataque era un peligroso delincuente de 27 años, cuya vida parece esquivar la muerte de forma recurrente. Este sujeto ya había sobrevivido a un encarnizado atentado a la salida del penal del Comcar en septiembre de 2025, donde quedó internado en estado crítico, y a una balacera contra su camioneta el pasado 20 de julio de 2026. La repetición de estos atentados en zonas de alto tránsito peatonal demuestra la pérdida absoluta del principio de autoridad.

Las autoridades policiales intentan establecer los vínculos de esta red de sicariato que opera con impunidad en la zona metropolitana. Mientras tanto, los ciudadanos de a pie observan con desesperación cómo la delincuencia se apodera de los barrios, transformando la vida cotidiana en una ruleta rusa donde el Estado parece haber cedido el control territorial.

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