Pablo Trapero estrena en los cines el 18 de septiembre su adaptación de la novela El extravagante Señor Dyer, de David Gilbert. La película, titulada Sus hijos, se desarrolla en torno a Andrew Dyer, un escritor de éxito que durante décadas ha vivido encerrado en su casa sin salir. Solo cuando muere un amigo cercano comienza a cuestionarse el tiempo que le queda y decide revelar un secreto que lleva 20 años guardando. Para ello, reúne a Sus dos hijos mayores junto con su hermano pequeño, nacido fuera del seno familiar.
La película fue rodada enteramente en inglés y forma parte de una línea de obras que Trapero ha ido construyendo como respuesta a las grandes propuestas de verano. Tras el estreno de La quietud, donde una mujer regresa a su casa tras el infarto cerebral de su padre y explora las relaciones con Sus hermanas y madre bajo la sombra de la represión argentina, ahora se suma esta nueva historia que también gira en torno a la familia.
En Sus hijos, el reparto está liderado por Bill Nighy, reconocido actor británico nominado en BAFTA, Globos de Oro y los premios de la Academia, y Imelda Staunton, otra figura clave del cine inglés. También participan Noah Jupe, Johnny Flynn y George MacKay como los hijos de Dyer.
Trapero ha señalado que su elección para esta película nace de una necesidad personal: 'Me alegra mucho que la película se estrene. Me encanta hacer películas alternativas a las grandes propuestas de verano y el calorcito. Fue un poco lo que pasó con El ciudadano ilustre cuando se estrenó: era una alternativa a las películas de entretenimiento que llegaban a los países anglosajones'
El director explica que antes que director es espectador, y que su elección de proyectos parte de lo que él mismo gustaría ver. 'Cuando llega el momento de decidir cuál va a ser la próxima película, una de las preguntas más importantes es: ¿Por qué esta historia entre todas estas alternativas?'. Y, en general, la respuesta suele ser bastante sencilla: me gustaría verla. Si yo fuera espectador y me encontrara con esto, tendría ganas de verla.
Hacer una película es un proceso muy exigente que consume mucho tiempo privado. Se puede estar años trabajando en un proyecto, rodando 12 o 16 horas diarias, lejos de casa y de la familia. Por eso, antes de comenzar, se debe asegurar de que ese proyecto merezca la pena.
El vínculo con la familia es algo que Trapero ha desarrollado conscientemente en Sus últimas producciones. En el caso de Sus hijos fue deliberadamente así. Al leer la novela encontró un paralelismo directo con La quietud, su última película en Argentina, donde una madre se reencuentra con Sus hijas. Esta vez, es el padre quien se reencuentra con Sus hijos.
Sentía que las dos películas formaban un espejo entre sí. Al momento de reescribir la historia, tenía muy presente La quietud, pero también percibía que era una oportunidad para completar algo que había aprendido al hacer series. Muchas veces, la duración de una película no es suficiente para desarrollar un concepto porque necesita más tiempo. Por eso ha hecho series estos últimos años.
De alguna manera, sentía que algo de lo que quedaba incompleto en La quietud se resolvía en Sus hijos. Si alguien pudiera hacer una maratón y ver las dos películas seguidas, cree que terminaría de completarse un concepto.
En la noche del viernes, Pablo Trapero volvió a los cines para hablar de 'Sus hijos', una película que se sitúa en medio de una ola de historias que exploran el tema del padre problemático: ausente, negligente o tomador de decisiones dudosas. Aunque parece una moda, en realidad no hay relación directa entre las películas: ninguna se inspiró en la anterior, porque todas son contemporáneas. Lo que sí es notable es que esta tendencia no surge únicamente del cine, sino que está alimentada por el público, que decide qué tipo de historia quiere ver.
El interés por estas narrativas hoy es significativo porque, Incluso si se llega a extremos como en 'La Odisea', siempre se abordan cuestiones profundas que resuenan en la vida personal de cada persona.
La historia de un escritor aislado y Sus hijos en 'Sus hijos'
En 'Sus hijos', el padre no necesariamente es el padre biológico. Puede ser un jefe de empresa, un líder político o el entrenador de un equipo de fútbol: cualquier figura que tenga el rol de guiar o proteger. En esos espacios se construyen jerarquías, roles y vínculos que, en muchos sentidos, imitan los de una familia tradicional. Así, la película no solo trata sobre relaciones familiares, sino sobre cómo las estructuras de autoridad influyen en el comportamiento de quienes las rodean.
Hacia el final del primer acto se revela quién es Andy y su origen, pero la trama no cambia de rumbo tras ese momento. Los hijos siguen preguntándose qué importancia tiene lo que hizo su padre. ¿Fue una decisión justificable? La película plantea esta pregunta como un eje central: qué es lo que dejamos cuando nos vamos. Andrew dice en un momento clave que todo lo que queda de uno no es solo un legado material, sino también los hijos, las novelas escritas, el recuerdo que alguien pueda tener de él.
La cuestión va más allá de lo ético. Primero se debe preguntarse si es posible que Andrew haya dicho la verdad, y si lo fuera, surgirían múltiples dilemas morales. Pero antes de llegar a eso, hay una realidad cotidiana: todo lo que dejamos no depende solo del testamento que escribimos, sino de las palabras que decimos en un momento de ira o tristeza. Por ejemplo, en una cafetería, si entras de mal humor y dices algo que lastima a quien te sirvió el café, eso también es un legado.
Sobre lo que dejaron Bill Nighy e Imelda Staunton, Trapero afirma que aprendió algo que ya había vivido antes, pero que ahora siente como una confirmación: las personas grandes suelen ser generosas, abiertas y curiosas. Eso se ve en cómo trabajan, en su amabilidad, en su disposición a escuchar y en su compromiso. No necesitan mostrar un currículum; simplemente actúan con naturalidad. De Bill Nigh le quedó una sensación personal que lo transforma: fue como si estuviera haciendo su primera película, y él mismo ha dicho que el proyecto tenía un significado especial para él porque hablaba de su propia historia.
Trapero destaca que, a diferencia de Andrew, Bill es un ejemplo de generosidad constante. Aunque ha hecho muchas películas, en esta se sintió como si fuera la primera. Esa actitud, junto al compromiso personal que mostró, lo convierte en una figura clave para el proyecto.
En la noche del viernes, Pablo Trapero volvió a los cines para presentar una reflexión profunda sobre el tema del padre ausente en la película Sus hijos. La conversación que inició con Bill Nighy fue clave: no se trató de imitar un personaje conocido, sino de desmontar lo que se sabe de él y reconstruirlo desde otro ángulo. El actor británico, quien ha expresado que el proyecto le resultaba personal, habló de cómo su propia historia lo motivó a sumergirse en la transformación del personaje de Bill en Andrew.
Aunque es un ícono de elegancia y amabilidad, la idea era hacerlo sentir como alguien que antes de todo lo que hoy es, vivió una vida distinta, más cerrada, más ajena al mundo exterior.
El trabajo físico y emocional que se requirió para convertir a Bill en Andrew fue un contraste directo con su forma habitual de trabajar. No se trató de mantener la imagen familiar, sino de deshacerla. Se buscaba mostrar cómo un hombre tan impecable podría caer en una postura de aislamiento, donde cada gesto —como no devolver un saludo en un café— refleja una actitud que muchos tienen sin darse cuenta. Andrew no es una figura inventada, sino una extensión del comportamiento cotidiano que muchas personas ejercen sin reconocerlo.
Trapero también señaló que la película plantea una cuestión actual: la difusión entre lo público y lo privado. En el caso de Andrew, su vida como escritor se entrelaza con su rol de padre y esposo. Esa mezcla es un ejemplo claro de cómo hoy en día las redes sociales hacen que los límites entre lo personal y lo compartido se vuelvan cada vez más borrosos. Se ven personas bailando en Sus cocinas, mostrando ropa que antes sería íntima, sin pensar siquiera en el impacto que eso tiene.
El director también mencionó que este tipo de distanciamiento entre roles es algo que todos vivimos. Por ejemplo, cuando uno va al médico, actúa como paciente, pero cuando llega a casa, se vuelve padre o amigo. Cada rol tiene una forma diferente de comportarse, y eso fue clave para definir cómo Andrew interpreta Sus distintas identidades: escritor, padre, esposo. No son roles separados, sino facetas de una misma persona.
Tras esta reflexión íntima, Trapero no se sintió atraído por volver al género de acción o terror. En cambio, ahora está finalizando una nueva serie en Argentina que se llama Gordon. La historia, que tiene siete capítulos, se desarrolla entre finales de los 60 y mediados de los 70. El personaje de Gordon aparece inicialmente en la serie El clan, donde interactúa con el protagonista Arquímedes. Desde hace mucho tiempo, Trapero quería explorar esta figura, y finalmente lo logró en esta nueva producción que recupera el espíritu narrativo de su anterior obra.






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