El remo vikingo palacio legislativo fue la llamativa coreografía que los senadores Sebastián Da Silva y Pedro Bordaberry imitaron este jueves antes de ingresar a una conferencia clave. En medio de una jornada de alta tensión por la Rendición de Cuentas, los legisladores apelaron a este descontracturado movimiento mundialista frente a las cámaras, mostrando la sintonía dentro del bloque parlamentario de la Coalición Republicana.
El Palacio Legislativo ha sido, históricamente, el templo de la palabra ponderada, el espacio donde el peso de la República se medía en la solidez de los argumentos y en el respeto casi religioso por las formas institucionales. Sin embargo, la tarde de este jueves, los pasillos de la casa de las leyes se transformaron en el escenario de un bochorno performático que retrata a la perfección la alarmante degradación del debate político actual. Antes de ingresar a una de las conferencias de prensa más trascendentales del período, los senadores Sebastián Da Silva y Pedro Bordaberry decidieron que era una excelente idea ensayar el “Viking Row”, el remo vikingo que la selección de Noruega popularizó durante el Mundial de fútbol 2026
Las imágenes registradas por las cámaras de Telemundo de Canal 12 captaron el instante preciso en el antedespacho. Abrazos efusivos, risas cómplices y un movimiento sincrónico de brazos que simulaba el avance de un drakkar nórdico. El contraste roza lo obsceno. Mientras los legisladores se hamacaban simulando ser guerreros escandinavos listos para el combate marítimo, el país asistía al anuncio técnico de un quiebre de proporciones: la decisión explícita de la Coalición Republicana de no votar en general el proyecto de ley de Rendición de Cuentas enviado por el Poder Ejecutivo. Una decisión que paraliza la gestión financiera del Estado se comunicó con el mismo rigor con el que un grupo de adolescentes festeja una tendencia en redes sociales
Estrategia detrás del remo vikingo palacio legislativo
La adopción del ritual futbolístico no es casual, pero resulta profundamente sintomática. En las tribunas de Nueva York, Boston o Nueva Jersey, donde Erling Haaland y Martin Ødegaard guían a los fanáticos al grito de “¡Ro!”, la coreografía representa unidad comunitaria y fervor popular. En el mármol del Palacio Legislativo, importada de apuro por dos de los hombres más influyentes del oficialismo parlamentario, la escena se convierte en una mueca vacía, un intento burdo de conectar de forma artificial con las audiencias móviles y los algoritmos de Google Discover
En las charlas de los funcionarios de las barras, en los corrillos de los ujieres y en los grupos de WhatsApp que comparten los asesores económicos que minutos antes quemaban pestañas analizando las planillas presupuestales, el asombro mutó rápidamente en indignación contenida. “¿De qué se ríen?”, se preguntaba un técnico ministerial mientras observaba las pantallas de los teléfonos replicar el video de Telemundo. La desconexión entre la gravedad del hecho —negarle los recursos al Ejecutivo— y la frivolidad del festejo previo expone una dinámica alarmante: la política uruguaya ha comenzado a suplantar la negociación presupuestaria por la búsqueda desesperada del impacto visual instantáneo
La alarmante degradación de las formas republicanas
El vaciamiento del debate público es evidente cuando los líderes políticos necesitan recurrir a metáforas deportivas importadas para simular una cohesión que los papeles no sostienen. Al final de la jornada informativa, cuando las luces de las cámaras se apagaron y las delegaciones de los partidos debieron volver a la cruda realidad de un articulado trancado, el remo vikingo quedó expuesto como lo que realmente fue: una puesta en escena infantil e innecesaria. La ciudadanía uruguaya, enfrentada a los desafíos económicos cotidianos de este invierno de 2026, asiste con justificada preocupación a un espectáculo donde el destino de las cuentas públicas se define entre sonrisas de comité y piruetas de tribuna













Leave a comment