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El panorama en Venezuela ha cambiado drásticamente en las últimas 48 horas, y la Iglesia católica no ha sido ajena al temblor geopolítico. Este domingo, el papa León XIV utilizó su tradicional mensaje del ángelus para poner el foco en el eslabón más débil de esta cadena de eventos: el pueblo venezolano. Desde la ventana del Palacio Apostólico, el pontífice expresó su «grave preocupación» por el desarrollo de la situación tras la captura de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses, subrayando que ninguna ambición de poder puede estar por encima de la dignidad humana de los ciudadanos de aquel país.
Para el obispo de Roma, el éxito de cualquier transición no se mide en victorias militares, sino en la capacidad de asegurar que el bien del amado pueblo venezolano prevalezca sobre toda otra consideración. León XIV hizo un llamado urgente a superar la violencia y a tomar caminos de justicia que respeten el Estado de Derecho inscrito en la propia Constitución nacional. Su mensaje resonó con fuerza en una plaza San Pedro colmada, donde las banderas venezolanas se hicieron notar entre los fieles que aguardaban una palabra de aliento ante la incertidumbre total que reina en Caracas.
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El llamado del Vaticano a la concordia nacional
El discurso papal no se quedó solo en lo espiritual, sino que tocó fibras políticas sensibles al reclamar el respeto por los derechos humanos y civiles. León XIV animó a la comunidad internacional a no actuar de forma unilateral, sino a trabajar de manera unida para construir un futuro sereno para el pueblo venezolano, con una estabilidad que permita salir de la asfixia económica. El papa puso especial énfasis en la situación de los más pobres, quienes han sido las principales víctimas de la escasez y la inflación galopante que arrastra el país desde hace años.
Para reforzar este pedido, el pontífice invocó la protección de la Virgen de Coromoto y de los santos locales José Gregorio Hernández y Carmen Rendiles. Es un gesto que busca tocar el corazón del pueblo venezolano, recordándoles que su identidad y su fe son herramientas fundamentales para atravesar este desierto político. Al pedir caminos de «concordia», el papa intenta evitar que la salida de Maduro se convierta en el inicio de un conflicto civil o en una ocupación extranjera que ignore las necesidades reales de la gente de a pie.
La Conferencia Episcopal y el compromiso con la paz
Acompañando las palabras de Roma, la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) también difundió un comunicado este domingo, marcando una hoja de ruta para los fieles. La CEV instó a fortalecer la oración ferviente, pero también a mantener un compromiso activo por la paz dentro de la sociedad. Según los obispos, las manos de todos los actores políticos deben abrirse para el encuentro y la ayuda mutua, asegurando que cada decisión que se tome en las próximas horas sea por el bienestar del pueblo venezolano y no para satisfacer intereses particulares de grupos de poder.
El mensaje de la Iglesia local es un rechazo frontal a cualquier manifestación de violencia que pueda surgir tras la detención del exmandatario. La CEV subrayó que, en este contexto de incertidumbre, la prioridad absoluta debe ser la construcción de un ambiente pacífico. Este pedido de serenidad llega en un momento crítico, con militares en las calles y un decreto de estado de conmoción firmado por la nueva presidenta interina, Delcy Rodríguez. El pueblo venezolano se encuentra hoy tironeado entre el orden que intenta imponer el chavismo residual y la administración directa que prometió Donald Trump desde Washington.
El futuro entre Brooklyn y Miraflores
Mientras el papa y los obispos rezan por la paz, la realidad judicial sigue su curso en Nueva York. Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, aguardan su procesamiento en un tribunal federal de Manhattan, acusados de delitos que van desde el narcoterrorismo hasta la conspiración para importar cocaína. El contraste es brutal: mientras los líderes que manejaron el país con mano de hierro enfrentan la justicia estadounidense, el pueblo venezolano sigue esperando señales claras de cómo se resolverá el vacío de poder y quién garantizará que haya comida en la mesa y medicinas en los hospitales mañana.
En Uruguay, la colectividad venezolana ha seguido con atención cada palabra del papa León XIV. Muchos ven en su discurso una validación de su lucha por la libertad, pero otros temen que la transición «juiciosa» que plantea Trump termine siendo una tutela eterna. La realidad es que el pueblo venezolano ya ha sufrido demasiado y las palabras del Vaticano operan como un recordatorio necesario: la política debe servir al hombre y no al revés. El mundo observa si esta vez, por fin, se escuchará el clamor de una nación que pide a gritos volver a la normalidad democrática.
