Nueva Jersey amaneció con la expectativa de ver en acción a uno de los grandes candidatos al título. Y Francia, en el MetLife Stadium, no decepcionó. En un encuentro que por momentos se volvió trabado y táctico bajo el sol estadounidense, los galos lograron destrabar la resistencia de Senegal con la jerarquía que solo tienen los elegidos. El 3-1 final, que puede parecer cómodo en el papel, fue el resultado de una batalla física donde la velocidad y el talento individual inclinaron la balanza a favor del subcampeón mundial.
El partido tuvo ese aire de debut mundialista: nervios, piernas fuertes y una Senegal que salió a morder en cada centímetro del campo. Durante gran parte del primer tiempo, el esquema planteado por el cuerpo técnico senegalés logró neutralizar los circuitos franceses. Michael Olise, el conductor de los ataques galos, tuvo que batallar contra una defensa férrea que no regaló espacios. Mientras tanto, en la tribuna, los cánticos africanos mantenían el color en un estadio que lucía imponente bajo el calor de la tarde.
La irrupción de la estrella
Fue recién promediando la segunda mitad cuando el partido cambió de guion. Kylian Mbappé, que hasta ese momento había aparecido con chispazos, terminó de romper el cerrojo defensivo con una acción personal que desató el delirio en la parcialidad francesa. Un desmarque letal, un remate seco y, de repente, la calma para Didier Deschamps. Ese primer gol fue el quiebre psicológico que necesitaba el encuentro.
Senegal no bajó los brazos. Con la entrada de Ibrahim Mbaye, los Leones de Teranga buscaron una respuesta rápida, pero Francia volvió a golpear mediante Bradley Barcola. El delantero, que ingresó desde el banco, aprovechó una habilitación magistral para poner el 2-0 y cerrar, en teoría, el pleito. Sin embargo, el fútbol siempre guarda un último giro. A falta de pocos minutos para el final, el descuento de Mbaye encendió la alarma, pero solo sirvió para que Mbappé volviera a aparecer en escena.
Un cierre a pura potencia
Si alguien dudaba de la capacidad de respuesta de la estrella francesa, el tercer gol despejó cualquier incertidumbre. Ya en tiempo de descuento, con Senegal volcado en ataque buscando una hazaña épica, Mbappé tomó la pelota, encaró y sacó un remate inatajable desde afuera del área. El 3-1 final fue la rúbrica perfecta para un debut que, aunque exigente, terminó consolidando a Francia como un equipo sólido y con variantes ofensivas de primer nivel.
El MetLife Stadium, que se prepara para recibir la final del 19 de julio, fue testigo de una Francia que sabe sufrir y, sobre todo, que sabe capitalizar los momentos críticos. Mientras Argentina y otras potencias todavía buscan su mejor versión, los galos ya pusieron primera y mandaron un mensaje claro a sus rivales del Grupo I: para bajar a este equipo, hace falta mucho más que voluntad.
El balance de una tarde histórica
Para Senegal, la derrota deja un sabor amargo pero con margen de mejora. El equipo mostró carácter y una estructura defensiva que, por momentos, puso en aprietos a los franceses. Sin embargo, la diferencia estuvo en las áreas. Francia tuvo a Mbappé; Senegal, a pesar del ímpetu, no pudo concretar las chances que generó en la primera etapa.
Ahora, la mirada de los galos ya está puesta en el próximo compromiso. Deschamps sabe que el camino es largo, pero empezar ganando en un Mundial siempre es un alivio para la espalda de los jugadores. Por lo pronto, Francia ya está en marcha, y la figura de su capitán sigue creciendo, acechando récords históricos y consolidándose como el jugador que todos quieren evitar en las llaves decisivas.
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