El libreto parecía ensayado, pero la realidad del piso le jugó una mala pasada a la senadora del Frente Amplio, Bettiana Díaz. En una entrevista que debía centrarse en la gestión y los números del primer año y medio de gobierno de Yamandú Orsi, la legisladora terminó protagonizando un cruce que dejó más preguntas sobre su capacidad de respuesta que certezas sobre la realidad nacional.
Cuando el periodista Leonardo Pereyra puso sobre la mesa una captura de pantalla de su cuenta personal de Instagram —una imagen que ya era de dominio público—, la senadora no respondió. No hubo espacio para la explicación ni para la autocrítica. En su lugar, activó el mecanismo que hoy parece ser la respuesta estándar ante cualquier cuestionamiento incómodo: la acusación de “violencia política”.
El arte de no contestar
La senadora pasó de la defensa del programa “Más Barrio” a la indignación en un parpadeo. Es una táctica vieja, pero que sigue dando réditos en ciertos nichos: ante una pregunta que no gusta, se ataca al entrevistador. Díaz cuestionó por qué se le preguntaba por su vida privada, sugiriendo que a los políticos varones no se los somete al mismo escrutinio.
Sin embargo, los datos están ahí. La legisladora, que ocupa una banca en el Parlamento desde 2017, parece olvidar que el escrutinio público es parte inherente de la función. Cuando se le preguntó si se arrepentía de la exposición, eligió el camino del ataque personal hacia el entrevistador, tildando la pregunta de “muy baja” y derivando el tema hacia una discusión sobre género, evitando así entrar en el fondo del asunto.
La “doble vara” como refugio
El momento cumbre fue cuando, arrinconada por la insistencia de los conductores, la senadora optó por sacar a colación otros temas, incluyendo senadores de la oposición procesados, en un intento evidente de desviar el foco. Es una estrategia de distracción clásica: si te preguntan por algo que te incomoda, señala a otro para que el resto se olvide de tu propia sombra.
Resulta curioso que, mientras defiende las “credenciales” del Frente Amplio para gestionar la pobreza y la inseguridad, la legisladora muestre tal fragilidad ante una pregunta de orden personal. Si el Frente Amplio pretende gobernar con una estrategia de comunicación basada en señalar la “violencia política” cada vez que un periodista hace su trabajo, la relación con la prensa será, cuando menos, un campo minado.
La gestión, el gran ausente
Mientras la senadora se desgastaba en el cruce por su Instagram, los problemas reales de la gente quedaban en un segundo plano. La gestión del primer año y medio de Orsi, la inseguridad y los planes de vivienda —temas que Díaz mencionó con tono triunfalista— fueron apenas el telón de fondo de una discusión que se centró en ella misma.
Al final del día, el televidente se quedó con la imagen de una senadora que prefiere la trinchera del discurso ideológico antes que el intercambio franco. La “doble vara” de la que tanto habló Díaz parece aplicarse con mayor fuerza en su propia postura: exige transparencia para otros, pero se encierra en su propio discurso cuando le toca ser observada. Una entrevista para el olvido, donde la política quedó secuestrada por la victimización.
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