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Críticas al primer año de gobierno en Uruguay por impuestos y seguridad

A días del primer año de gobierno en Uruguay, la oposición critica el alza de tarifas y la falta de resultados en seguridad. El tiempo se agota.

por Marília SoaresMarília Soares
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Primer año de gobierno en Uruguay balance económico

Faltan apenas 34 días para que se cumpla el primer año de gobierno en Uruguay, un hito que marca el cierre de la etapa de instalación y el comienzo de la exigencia de resultados tangibles. Con el 20% del mandato ya transcurrido, la sensación térmica en la calle sugiere que el tiempo de las celebraciones, las cenas de gala y las fotos de protocolo ha quedado atrás. Para gran parte de la opinión pública, es hora de salir del estado de «siesta» administrativa y del sedentarismo burocrático para enfrentar los problemas estructurales que asfixian a la población.

La crítica más feroz que recibe la administración actual es que, lejos de aliviar la carga sobre los contribuyentes, ha optado por la receta clásica de subir impuestos y tarifas para engrosar la recaudación estatal. Este incremento en los costos no se ha visto reflejado en una mejora proporcional de los servicios públicos, los cuales, según diversas denuncias, atraviesan un proceso de deterioro constante. El ciudadano de a pie se pregunta hoy, con justa razón, a dónde va a parar ese excedente de dinero que el Estado le quita mes a mes de su presupuesto familiar.

El costo de vida ante el primer año de gobierno en Uruguay

Uno de los grandes debes que se perfilan en este balance del primer año de gobierno en Uruguay es la incapacidad para frenar el encarecimiento del país. Uruguay sigue siendo un lugar carísimo para vivir, para producir y para proyectar a futuro, una realidad que golpea con especial dureza a las clases medias y a los sectores más vulnerables. La promesa de trabajar en la microeconomía y en el precio de la canasta básica parece haber quedado guardada en algún cajón de la Torre Ejecutiva, mientras la inflación interna no da tregua.

Resulta contradictorio que, en un país que se jacta de su estabilidad, llegar a fin de mes sea una odisea para quienes trabajan ocho horas o más. La expectativa era que este nuevo ciclo trajera medidas innovadoras para desregular mercados y bajar precios, pero hasta ahora, el peso del Estado sigue siendo un ancla. Los uruguayos no piden milagros, piden simplemente que el costo de vida deje de ser un obstáculo insalvable para una vida digna y tranquila.

Seguridad pública y el primer año de gobierno en Uruguay

Si la economía preocupa, la seguridad es el tema que quita el sueño a la sociedad. Al cumplirse el primer año de gobierno en Uruguay, las cifras de delincuencia y la sensación de desprotección en las calles son asignaturas pendientes que requieren atención urgente. La gente no quiere más diagnósticos ni estadísticas maquilladas; lo que pide es poder caminar sin el miedo constante a ser robada o, en el peor de los casos, a perder la vida en un episodio de violencia urbana.

Las medidas aplicadas hasta el momento parecen no ser suficientes para contener el avance delictivo en los barrios más calientes y en el centro de las ciudades. La demanda ciudadana es clara: vivir un poco más tranquilos. Sin una estrategia que recupere el control territorial y devuelva la paz a la convivencia diaria, cualquier logro en otras áreas se verá empañado por la mancha de la sangre y el miedo. El Ministerio del Interior enfrenta el desafío de demostrar que hay un plan real detrás de los patrulleros.

Recaudación fiscal y primer año de gobierno en Uruguay

El foco del descontento también se posa sobre la política de recaudación fiscal. Durante este primer año de gobierno en Uruguay, la presión impositiva ha sido utilizada como una herramienta de ajuste para cerrar brechas fiscales, en lugar de incentivar el consumo. Muchos analistas coinciden en que se está transitando un camino peligroso donde se recauda más pero se gasta peor, degradando la calidad de los servicios esenciales que el Estado debe garantizar por mandato constitucional.

La gestión debe entender que gobernar no puede significar simplemente ajustar la planilla de ingresos a costa del sacrificio ajeno. Se necesitan políticas que apunten a la eficiencia, al recorte del gasto político innecesario y a la transparencia en el uso de los fondos públicos. Si el balance de este primer ciclo se resume en un Estado más gordo y una ciudadanía más pobre, el resto del mandato será un camino cuesta arriba difícil de transitar para cualquier coalición.

¿Podrá el gobierno cambiar el rumbo y enfocarse en lo que realmente importa antes de que el descontento social se transforme en un muro infranqueable de cara al próximo año?

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