Salud y bienestar

El primer fármaco registrado por el MSP específico para la obesidad logra resultados comparables a la cirugía bariátrica

Presentación médica que confirma que llegó a Uruguay un nuevo fármaco para tratar la obesidad

Llegó a Uruguay un nuevo fármaco para tratar la obesidad en el marco de una transformación profunda sobre cómo la medicina del siglo XXI aborda el exceso de grasa corporal. Las autoridades del Ministerio de Salud Pública otorgaron la habilitación para la venta bajo receta de la tirzepatida, una molécula que se convierte en el primer tratamiento específico para esta condición registrado en el historial sanitario uruguayo.

Durante décadas, el combate contra la ganancia de peso estuvo encasillado en una recomendación restrictiva basada en comer menos y realizar mayor actividad física. Cuando esta fórmula fallaba, la responsabilidad solía atribuirse de forma injusta a una supuesta falta de voluntad del paciente. Sin embargo, la evidencia científica consolidó la definición de la obesidad como una enfermedad crónica, sistémica, multifactorial y compleja que requiere abordajes farmacológicos de precisión.

La llegada de Mounjaro, nombre comercial del producto desarrollado por el laboratorio Adium, se produce en un país donde las estadísticas de malnutrición por exceso exhiben cifras de alerta. Según relevamientos sanitarios correspondientes a 2025, el 72% de la población adulta en Uruguay presenta un índice de masa corporal (IMC) elevado, mientras que el 36% padece obesidad clínica o preclínica, una condición que constituye el principal detonante de eventos cardiovasculares y metabólicos graves.

Las razones por las que llegó a Uruguay un nuevo fármaco para tratar la obesidad

La diferencia técnica central de esta opción terapéutica respecto a antecedentes de amplia difusión pública radica en su mecanismo de acción dual. Mientras que medicamentos como la semaglutida —comercializada como Ozempic y aprobada previamente en el país únicamente para diabetes tipo 2— actúan de manera exclusiva imitando a la hormona intestinal GLP-1, la nueva molécula recién ingresada estimula dos vías metabólicas de forma simultánea: los receptores GLP-1 y los receptores GIP.

La médica especialista en medicina interna y diabetología Fabiana Vázquez explicó en la presentación que el receptor GIP se encuentra distribuido en el páncreas, el cerebro y las células del tejido adiposo denominadas adipocitos. Al engordar, el tejido graso se inflama y libera sustancias anómalas que perturban los mecanismos del apetito. Al intervenir sobre ambos frentes, la medicación no solo retrasa el vaciamiento gástrico, sino que actúa directamente en las estructuras cerebrales encargadas de regular la saciedad y el impulso compulsivo por la comida.

Esta sinergia biológica permite alcanzar resultados de descenso de peso que la medicina convencional nunca había registrado mediante terapia farmacológica. Los ensayos clínicos del programa internacional Surmount revelaron que los pacientes tratados con las dosis más elevadas lograron reducciones de peso promedio de entre 22% y 26,6%, cifras que se aproximan a las variaciones obtenidas a través de procedimientos quirúrgicos como la cirugía bariátrica.

El impacto en la diabetes y las condiciones clínicas para la prescripción

Más allá del impacto en la balanza, los ensayos internacionales presentados por el endocrinólogo español Esteban Jódar Gimeno demostraron que la reducción de peso corresponde prioritariamente a la grasa visceral acumulada en el abdomen, que es el tejido más perjudicial para la salud cardiovascular. Paralelamente, los estudios mostraron una tasa de preservación de la masa muscular similar a la que se logra con modificaciones intensivas del estilo de vida.

En el caso de los pacientes que padecen diabetes tipo 2 junto con obesidad, los datos clínicos abrieron la posibilidad de hablar por primera vez de una remisión de la enfermedad, al lograr que los niveles de hemoglobina glicosilada retrocedan a parámetros de normalidad. Asimismo, en personas con diagnóstico de prediabetes, el uso sostenido de la molécula previno casi en su totalidad el desarrollo de la patología metabólica durante un seguimiento de tres años.

Los médicos aclararon que la indicación del fármaco responde a criterios de salud y no a fines estéticos. La prescripción médica está orientada a personas con un IMC igual o superior a 30 kg/m², o a partir de 27 kg/m² cuando coexista al menos una comorbilidad asociada, como hipertensión arterial, dislipemia o diabetes. El tratamiento se administra de forma subcutánea mediante una lapicera prellenada de uso semanal.

Los desafíos de la adherencia, los costos y los cambios de hábito

A pesar del entusiasmo generado en el cuerpo médico y en los pacientes, los expertos insisten en que esta alternativa no representa una solución mágica ni sustituye los pilares del cuidado de la salud. La obesidad es una patología crónica de por vida, lo que implica que la interrupción brusca de la medicación suele provocar la recuperación gradual del peso perdido, dado que el tejido adiposo enfermo tiende a reactivarse.

Por esta razón, cualquier abordaje farmacológico requiere el acompañamiento indispensable de un plan nutricional equilibrado y la práctica regular de ejercicio físico. La actividad física resulta determinante para conservar la masa magra y potenciar el gasto energético, mientras que la medicación facilita el proceso al reducir la ansiedad por el consumo de alimentos hipercalóricos.

El acceso económico representa el mayor obstáculo para la masificación de este tratamiento en la sociedad uruguaya. Con un costo de lista que supera los 30.000 pesos mensuales en las cadenas de farmacias, la terapia resulta inalcanzable para la mayoría de los usuarios del sistema de salud. No obstante, los especialistas confían en que la futura incorporación de nuevas moléculas al mercado y la acumulación de evidencia sobre el ahorro en complicaciones médicas contribuyan a una reducción progresiva de los costos en el mediano plazo.

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