El tan postergado juicio a Pity Álvarez por el homicidio de Cristian Maximiliano Díaz comenzó este lunes en el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N° 29 de la Capital Federal. La audiencia inicial, lejos de aportar claridad sobre los hechos ocurridos en 2018, se convirtió en un penoso espectáculo que expuso las profundas miserias del acusado y las tensiones de un sistema judicial decidido a forzar la marcha de un proceso contra un hombre visiblemente deteriorado.
Cristian “Pity” Álvarez Congiú llegó pasadas las 10:30 al edificio de la calle Paraguay al 1500. No hubo ovaciones, solo el asedio de la prensa y el grito solitario de una fanática que clamaba una inocencia que el propio derrotero del músico parece contradecir. Con una gorra de felpa negra, anteojos de sol y una remera estampada con una frase de su propia canción (“Nunca quise”, de Intoxicados): “Y si esperás, vas a entender”, Álvarez ingresó al recinto. El contraste entre la mística rockera de la frase y la realidad que lo circundaba era demoledor.
La escena dentro de la sala de audiencias fue una radiografía de la decadencia. Pity se quitó el sombrero y los anteojos, se sentó junto a sus tres defensores —Javier Marino, Diego Herrero y Federico Larraín— y se desplomó contra el respaldo de la silla. Cuando el presidente del tribunal, Gustavo Goerner, le preguntó si iba a declarar, la respuesta fue un escueto y casi inaudible “Más adelante”.
Confesiones de adicción y falta de autonomía en el juicio a Pity Álvarez
A pesar de negarse a declarar sobre el crimen, Álvarez respondió preguntas personales que pintaron un cuadro alarmante. Dijo no recordar su número de DNI ni su domicilio anterior. Cuando se le interrogó por su profesión, contestó: “En este momento, la música”. Enumeró sus problemas físicos —hipertensión, diabetes, secuelas de una operación de cadera— pero lo más impactante fue su confesión sobre el consumo de drogas. Reconoció haber sido “Muy adicto a la pasta base” y aseguró que actualmente solo “coquetea con la marihuana”.
Su defensor, Javier Marino, aprovechó el interrogatorio para demostrar la falta de autonomía de su asistido. Pity relató que no maneja su dinero ni organiza su vida. Explicó que su hermana le deposita dinero en una billetera virtual y paga sus compras. Además, admitió que necesita que le recuerden diariamente la medicación que debe tomar, tarea que realizan su hermana y el padre César. Esta admisión de total dependencia sirvió de preámbulo para el planteo central de la defensa.
El sueño de Pity y la ira de la fiscalía
Tras un breve intermedio para ir al baño, el estado de Pity Álvarez se volvió insostenible para el decoro de la audiencia. Se recostó en la silla, estiró los brazos, echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos. Por momentos roncaba audiblemente. Su abogado tuvo que tocarle el hombro para que levantara la cabeza y prestara atención, pero poco después el músico volvió a quedar con los brazos cruzados y la cabeza hacia abajo, semidormido.
Esta situación colmó la paciencia del defensor Marino, quien reiteró un pedido de suspensión del juicio que ya había sido rechazado anteriormente. “El señor Álvarez no está presente. Yo lo he advertido”, sostuvo. Alegó que el comportamiento era una demostración clara de la disminución de sus capacidades cognitiva y de su imposibilidad de seguir el debate. Pidió nuevos estudios que podrían demorar meses y anticipó que insistiría con este reclamo una y otra vez.
La fiscalía reaccionó con una dureza inusitada. El fiscal Sandro Abraldes acusó a Marino de intentar obstruir el debate y confrontó el estado de Pity dentro de la sala con su supuesta actividad fuera de ella. Mencionó apariciones en el Kempes, en el Roxy y una reciente entrevista en la revista Rolling Stone. “La otra posibilidad es que al señor Álvarez Congiú este juicio lo aburra. Dormirse o aburrirse no habilita a suspender el juicio”, lanzó Abraldes, generando el momento de mayor tensión de la jornada. Fernando Burlando, abogado de la familia de la víctima, adhirió al planteo fiscal.
Un tribunal decidido a seguir adelante
Tras deliberar, los jueces del TOC Nº 29 —Gustavo Goerner, Juan Ramos Padilla y Hugo Navarro— rechazaron el pedido de la defensa. Se basaron en informes del Cuerpo Médico Forense que concluyeron que Álvarez cuenta con una “reserva cognitiva” suficiente para afrontar el juicio. Además, utilizaron la propia conducta observada en la sala para fundamentar su decisión: Pity había respondido preguntas, manifestado comprender la acusación y reaccionado cuando su abogado le pidió atención.
“El desarrollo del juicio no puede quedar supeditado a la voluntad del acusado”, sentenció Goerner, forzando la continuidad del proceso. Esta decisión judicial expone una zona gris ética y legal: la Justicia argentina parece decidida a juzgar a Álvarez basándose en informes técnicos, ignorando la degradación física y mental visible que impide a cualquier observador imparcial creer que el acusado está plenamente consciente de lo que ocurre a su alrededor.
Un cronograma ajustado a la tolerancia de Pity
La audiencia finalizó con una discusión sobre la organización de las próximas jornadas, evidenciando que el estado del músico condiciona el ritmo del juicio. La fiscalía planeaba llamar a diez testigos para la próxima audiencia, lo que fue objetado por Marino: “No hay manera de que el señor Álvarez pueda estar atento a esta cantidad de declaraciones”. Finalmente, tras un intercambio con Burlando, se acordó escuchar a solo cinco testigos por audiencia, con sesiones de aproximadamente tres horas.
El juicio a Pity Álvarez continuará el miércoles, con un cronograma recortado y bajo la sombra de la duda sobre su capacidad real de defenderse. La primera audiencia no fue un acto de justicia, sino un penoso recordatorio de la degradación humana y de la determinación de un tribunal por cerrar un caso, cueste lo que cueste, incluso la propia dignidad del proceso. Pity Álvarez se fue de tribunales como llegó, semidormido, con la remera que dice “Y si esperás, vas a entender”. Queda por ver si el sistema judicial argentino realmente entiende la complejidad de la salud mental o si simplemente está ejecutando un trámite burocrático.






Dejá tu comentario
Comentá con tu nombre y Gmail. Tu correo es privado y nunca se publica.