Policiales

Pidió custodia por televisión y fue asesinada: la desidia tras el femicidio de Lucía Calvete

Lugar de los hechos y reclamos por el femicidio de Lucía Calvete en Piedras Blancas, Montevideo.

El asesinato de Lucía Calvete, una joven trabajadora de 24 años emboscada a tiros mientras caminaba hacia la parada de ómnibus en el barrio Piedras Blancas, no representa un episodio delictivo aislado: constituye la consumación letal de un calvario de amenazas, atentados con armas de fuego y reclamos de custodia ignorados por las instituciones públicas. El aberrante femicidio de Lucía Calvete se consumó luego de meses de terrorismo doméstico que el Estado uruguayo conoció en detalle, pero decidió desestimar burocráticamente.

La ejecución a sangre fría expone la vulnerabilidad absoluta de las víctimas frente a la violencia organizada. Toda la trama previa al crimen estuvo marcada por advertencias formales ante comisarías, juzgados y medios masivos de comunicación, donde la familia de la joven denunció que estaban siendo blanco de un plan criminal dirigido desde el interior del sistema penitenciario por la expareja de la víctima, un hombre condenado por homicidio conocido como “el Jonita”.

femicidio de Lucía Calvete
Investigan femicidio por encargo en Uruguay (captura Telemundo/Canal 12)

Las alertas desoídas en torno al femicidio de Lucía Calvete

Hacía casi tres años que Lucía había tomado la determinación de romper el vínculo con el agresor. Lejos de poner fin al conflicto, la separación desató una violenta campaña de hostigamiento sistemático sobre todo su núcleo familiar en la periferia de Montevideo.

Los episodios de amedrentamiento no quedaron en meras amenazas verbales, sino que se materializaron en reiterados hechos de extrema violencia:

  • Disparos directos contra la vivienda: Desconocidos abrieron fuego contra el frente del inmueble en múltiples ocasiones utilizando vehículos, taxis y bicicletas en movimiento.

  • Municiones intimidatorias: La familia encontró proyectiles y casquillos percutidos dentro del buzón de correspondencia como mensaje de muerte inminente.

  • Agresiones físicas: Parientes cercanos de la joven fueron golpeados en la vía pública por personas que se identificaron expresamente como enviados de “el Jonita”.

  • Ataque incendiario: Arrojaron una bomba molotov contra el automóvil particular de una de las hermanas de Lucía, en un intento de propagar las llamas hacia la vivienda principal.

  • Emboscada laboral previa: El viernes anterior al homicidio, dos hombres armados montaron guardia en las cercanías de su trabajo en el barrio La Aguada para atacarla a balazos.

A pesar de que los orificios de bala permanecían visibles en las paredes de la casa familiar como prueba irrefutable del peligro de muerte, ningún organismo estatal dictó medidas cautelares de custodia efectiva. La investigación judicial sobre el femicidio de Lucía Calvete ha puesto en evidencia cómo la inacción procesal dejó a la víctima en un estado de desprotección total.

femicidio de Lucía Calvete
Hermana de víctima había dado testimonio hace un mes reclamando custodia (Captura Telenoche/Canal 4)

El auxilio pedido en televisión y el archivo burocrático de las denuncias

Ante la ausencia de respuestas judiciales, la familia recurrió a los informativos de televisión como última vía de auxilio ciudadano. El 24 de julio, a través de una entrevista en Canal 4, una de las hermanas de Lucía expuso ante las cámaras el calvario diario que padecían: “Estamos viviendo una situación desesperante con una persona privada de su libertad que nos acosa, nos prendió fuego el auto y nos baleó la casa; no podemos vivir tranquilos”.

Sin embargo, la maquinaria burocrática operó con absoluta indiferencia. Las múltiples denuncias policiales y judiciales presentadas por la familia Calvete nunca fueron analizadas por un fiscal penal, debido a que fueron sistemáticamente archivadas en la oficina técnica encargada de calificar y derivar los expedientes. El sistema consideró que los tiroteos, los artefactos incendiarios y las golpizas no constituían mérito suficiente para activar el protocolo de protección a testigos y víctimas de violencia extrema.

El impacto social provocado por el femicidio de Lucía Calvete reabrió la discusión sobre los filtros administrativos de la Fiscalía General de la Nación, donde miles de denuncias graves quedan truncas en etapas preliminares sin intervención de un magistrado.

femicidio de Lucía Calvete
Agustina Calvete, hermana de mujer asesinada (Captura Telemundo/Canal 12)

Emboscada fatal en Piedras Blancas y el reclamo de justicia

El fatal desenlace ocurrió a primera hora de la mañana, cuando Lucía se dirigía hacia su empleo custodiada a pie por su madre y su padrastro, un esquema de protección familiar improvisado ante el abandono del Estado. Apenas media cuadra después de salir de su vivienda, un sujeto que se desplazaba a pie se aproximó a corta distancia, extrajo un arma de fuego y le disparó directamente a la zona pélvica. Su padrastro, quien se encontraba armado e intentó repeler la agresión a balazos, resultó herido en un pie. Pese a que ambos fueron trasladados de urgencia a un centro de salud, Lucía falleció a las pocas horas producto de las lesiones internas.

La indignación de sus familiares se manifestó de manera inmediata tras confirmarse el deceso. “Ayer sale a trabajar como todos los días con mi madre, camina media cuadra y me la matan como un perro. Nadie hace nada. ¿Qué más pruebas quiere la fiscal? ¿Que le lleve el cuerpo de mi hermana?”, cuestionó con crudeza Agustina Calvete ante las cámaras de Canal 12.

La causa se encuentra caratulada como presunto femicidio por encargo y homicidio especialmente agravado. No obstante, las circunstancias previas al femicidio de Lucía Calvete confirman que este crimen no fue imprevisible: fue una tragedia anunciada, advertida y documentada que la negligencia estatal permitió consumar.

Comentarios

La opinión de nuestros lectores

0
Todavía no hay comentarios. Sé el primero en opinar.

Dejá tu comentario

Comentá con tu nombre y Gmail. Tu correo es privado y nunca se publica.

Solo se publica tu nombre. El Gmail queda privado para administración y control de abuso.