Últimas noticias

Energía y logística por las nubes: la inoperancia gubernamental frena al Uruguay productivo

Las cámaras empresariales estallaron en la Expo Prado contra los tarifazos energéticos y la asfixia logística.

Vista de la tribuna principal de la Expo Prado durante el reclamo de las cámaras empresariales.
El sector privado denunció en la Expo Prado la asfixia del Estado a la producción nacional. Foto: Gaston Britos / FocoUy

El mamarracho económico que soporta el sector productivo uruguayo tuvo un nuevo y tenso capítulo en el marco de la Expo Prado. Con los números al rojo vivo y la paciencia agotada, la Confederación de Cámaras Empresariales (CCE) decidió poner el dedo en la llaga y cantarle las cuarenta al gobierno. Los referentes del sector privado, encabezados por Leonardo Loureiro, dejaron de lado los diplomáticos pedidos de simplificación burocrática para denunciar directamente la asfixia estructural que imponen las tarifas de la energía y los costos desmedidos de la logística. La advertencia fue tajante: mientras el Ejecutivo siga utilizando las empresas públicas como vacas lecheras de la recaudación, la competitividad del país seguirá hundida en el estancamiento.

Detrás de las luces y los discursos oficiales que celebran una matriz energética mayoritariamente renovable, la realidad para el comerciante, el industrial y el productor rural es despiadada. Uruguay ostenta con vergüenza una de las tarifas eléctricas más caras del Cono Sur, superando de manera insólita los valores vigentes en Argentina, Brasil y Chile. El gasoil, motor indispensable del transporte y del campo, continúa severamente grabado con sobreprecios que van a parar a fideicomisos opacos para financiar el boleto urbano. En lugar de transparentar el gasto público, las autoridades eligen saquear el bolsillo de quien arriesga su capital para mantener artificialmente un sistema ineficiente y costoso.

Uruguay Al Día Radio Internacional

???? EN VIVO

Descargar App para Android

Versión oficial, segura y optimizada para móviles

Antecedentes históricos de una voracidad fiscal interminable

El problema de los costos estructurales no es una fatalidad climática ni una sorpresa de la coyuntura; es el resultado directo de décadas de un Estado gigante e voraz que se niega a reformarse. Tanto UTE como Ancap han funcionado históricamente no como promotores del desarrollo, sino como brazos recaudadores de gobiernos de turno incapaces de contener el déficit fiscal. Cuando la generación eléctrica renovable prometía abaratar los costos para la producción nacional, la burocracia estatal decidió absorber las ganancias para inflar las Rentas Generales, privando a la industria local de una ventaja competitiva fundamental.

Lo mismo sucede con la infraestructura portuaria y la distribución de combustibles. La costumbre política de imponer tarifas administradas elimina cualquier tipo de cálculo económico racional. La distorsión es tan brutal que los subsidios cruzados terminan encareciendo toda la cadena exportadora. Mover un contenedor desde el puerto de Montevideo cuesta hoy un ojo de la cara en comparación con las terminales de la región. El empresario nacional no compite en igualdad de condiciones; arrastra una mochila cargada de impuestos, trabas y resoluciones políticas destinadas únicamente a evitar conflictos con las corporaciones sindicales y a maquillar las cuentas del Estado.

LAS DISTORSIONES PÚBLICAS QUE AHOGAN A LA PRODUCCIÓN - Energía eléctrica: Tarifas industriales más caras que en Argentina, Brasil y Chile para inflar las Rentas Generales. - Gasoil encarecido: Sobreprecio en el surtidor utilizado para subsidiar el boleto urbano y cubrir déficit presupuestario. - Puerto desbordado: Costos por contenedor y cuellos de botella operativos que espantan la inversión extranjera. - Monopolios sin control: Empresas estatales que responden a ciclos electorales y prebendas corporativas. - Pérdida de mercados: Falta de competitividad restringe los márgenes para exportar e impacta en el empleo local.

La sangría de capitales frente al contexto regional

La falta de coraje político para encarar reformas liberalizadoras de fondo está dejando a Uruguay al margen del flujo de inversiones en América Latina. Mientras los países vecinos buscan recortar regulaciones absurdas y abaratar la operatividad logística para captar mercados internacionales, el Ejecutivo uruguayo se abraza a los esquemas de monopolio absoluto y precios artificiales. Si el país pretende consolidarse como un nodo logístico frente al demorado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, el camino elegido es el peor de todos: encarecer cada tramo de la cadena hasta volver prohibitiva la salida de mercadería.

Los analistas económicos más críticos señalan con severidad este contraste regional. El capital y la mano de obra calificada no tienen patria; emigran sin contemplación hacia jurisdicciones donde no se castigue la productividad. La tozudez de sostener tarifas elevadas para abastecer la caja de la burocracia pública destruye el tejido empresarial local y condena a las pequeñas y medianas empresas a la quiebra o al achique permanente. La competitividad no es una consigna publicitaria para repetirse en eventos oficiales; se construye eliminando distorsiones y permitiendo que el mercado fije los costos reales.

La voz de las cámaras y la miopía de las autoridades

Durante las jornadas de debate en la Expo Prado, las expresiones de los líderes empresariales sirvieron para desmontar el relato triunfalista de las autoridades. El planteo de la Confederación de Cámaras Empresariales expuso el hartazgo de un sector privado que se siente saqueado para sostener un aparato burocrático inoperante. Las demandas de revisar la pesada estructura del fideicomiso del gasoil y de terminar con la fijación política de las tarifas eléctricas chocan de frente con la reticencia de un gobierno que prefiere amortiguar problemas con parches de corto plazo antes que desarmar el monopolio estatal.

Especialistas en economía y derecho administrativo coinciden en que la conducta del Estado no solo roza lo irrazonable, sino que castiga de forma sistemática la iniciativa privada. Sostener que el transporte público debe financiarse encareciendo el combustible de la maquinaria productiva es una aberración conceptual que liquida la capacidad exportadora del país. Los referentes industriales fueron enfáticos: la paciencia de los sectores que generan empleo real se terminó y no hay espacio para más gradualismo ni dilaciones demagógicas.

Un horizonte sombrío si persiste la inacción oficial

La proyección para los próximos meses es francamente desalentadora si el Ejecutivo mantiene su negativa a recortar los costos de la energía y la logística. El discurso de la innovación y la atracción de talento se cae a pedazos frente a la realidad de los balances empresariales. Sin tarifas competitivas, la producción nacional quedará desplazada en los mercados globales, cerrando las puertas a la creación de puestos de trabajo de calidad y profundizando el estancamiento económico.

El reclamo planteado en la Expo Prado no es un pedido de ayuda ni una solicitud de privilegios sectoriales; es el ultimátum de quienes producen frente a una burocracia que devora los frutos del trabajo ajeno. Si el gobierno y la clase política insisten en ignorar este diagnóstico contundente, el castigo no vendrá del debate parlamentario, sino del propio mercado: menos inversión, mayor desempleo y el cierre definitivo de empresas que ya no pueden soportar el peso de un Estado absolutamente descontrolado.

Comentarios

La opinión de nuestros lectores

0
Todavía no hay comentarios. Sé el primero en opinar.

Dejá tu comentario

Comentá con tu nombre y Gmail. Tu correo es privado y nunca se publica.

Solo se publica tu nombre. El Gmail queda privado para administración y control de abuso.