La calma habitual de la mañana en el norte de Montevideo se quebró de golpe en un pasaje del barrio Borro. Un fuerte contingente de la Guardia Republicana ingresó a una vivienda en el marco de un allanamiento judicial, pero el procedimiento terminó de la peor manera: un adolescente de 16 años resultó abatido por los efectivos. A las pocas horas, el descontento social acumulado se transformó en una lluvia de piedras que obligó a desplegar munición menos letal para contener la furia vecinal.
El episodio provocó una fuerte confrontación en las calles internas del barrio, donde decenas de jóvenes y vecinos linderos se concentraron para repudiar el accionar de los uniformados. La respuesta policial consistió en el uso de escopetas con perdigones de goma para dispersar la aglomeración, mientras las piedras impactaban contra los escudos y las unidades móviles. Cerca de la una y media de la tarde, las fuerzas de seguridad iniciaron una retirada estratégica del lugar, en medio de un clima de hostilidad colectiva que incluso alcanzó a los equipos de prensa presentes, quienes recibieron amenazas verbales por parte de algunos manifestantes.
El núcleo de la crisis radica en el abismo que separa las dos reconstrucciones del hecho. Según el informe oficial que emitió el Ministerio del Interior, el personal policial ingresó al domicilio bajo orden legal y se topó con el menor de edad armado. De acuerdo con este reporte, el joven levantó el arma y apuntó directamente hacia los agentes que lideraban el ingreso. Ante la presunción de una amenaza inminente, uno de los uniformados abrió fuego. El proyectil impactó en el cuerpo del adolescente, quien fue subido de urgencia a un patrullero y trasladado a la Policlínica Capitán Tula, donde el personal médico constató su fallecimiento poco después de ingresar a la guardia.
El relato de la familia: “Estaba durmiendo”
En la vereda opuesta, la familia de la víctima desarmó por completo el relato ministerial en una rueda de prensa marcada por la conmoción y el llanto. Los padres aseguran que el desenlace fatal se debió a un exceso institucional y que el menor no representaba peligro alguno al momento de la irrupción de las fuerzas de seguridad.
“Vino de mañana la Policía. Salió por el fondo y lo mataron como a un perro, estaba durmiendo. Ni siquiera estaba robando”, manifestó el padre del joven ante las cámaras de televisión, que registraron el instante preciso en el que la madre se descompensó por el impacto emocional y debió ser asistida en el suelo por sus propios allegados.
El hombre describió que los funcionarios actuaron de forma sumamente agresiva desde el primer segundo. Relató que escuchó cinco detonaciones seguidas y luego los gritos de agonía de su hijo. Al exigir explicaciones en medio del caos del patio, los agentes le aseguraron que el herido era un policía compañero de ellos. “Cuando miro por la ventana veo cómo lo agarran de las patas y lo tiran para arriba de la camioneta”, continuó detallando sobre los últimos instantes con vida del adolescente.
Al ser consultado sobre el motivo del allanamiento y la presencia de armamento en el lugar de los incidentes en el Borro, el entrevistado reconoció que en la finca había dos armas de fuego, aunque aclaró los contextos de cada una. Especificó que una de ellas correspondía a una escopeta vieja de cacería que perteneció a su propio padre. Respecto a la otra, una pistola corta, admitió la probabilidad de que fuera propiedad del menor fallecido, justificando la situación por las dinámicas delictivas cotidianas que afectan a esa zona de Casavalle. “La pistola sería de él. En este barrio hay que andar calzado porque están de vivos”, puntualizó el padre para cerrar una jornada que mantiene al barrio bajo una tensa tensióm vecinal.
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