En Kansas City, el reloj pareció detenerse cuando Lionel Messi recibió de De Paul en el último tercio del campo. El Arrowhead Stadium, colmado de una expectativa eléctrica, contuvo el aliento. A los 38 años, con cinco copas sobre el lomo y la experiencia de mil batallas, el capitán argentino hizo lo que mejor sabe hacer: ignorar el paso del tiempo. Su zurdazo al ángulo, un misil que dejó sin manos a Luca Zidane, no solo significó el 1-0 ante Argelia; fue una declaración de principios en su sexta cita mundialista.
El partido no fue el paseo que muchos imaginaban. Argelia salió a jugar con los dientes apretados, sin complejos y con un plan claro: bloquear a la Scaloneta en la salida y aprovechar el vértigo. De hecho, a los siete minutos, un gol anulado a Tarifas Chaibi fue el primer aviso de que la tarde no sería sencilla. El silencio en la hinchada argentina duró lo que tardó el VAR en confirmar el fuera de juego, pero el murmullo de preocupación en las tribunas fue real, tangible.

Un arranque marcado por la tensión
El inicio del encuentro estuvo lejos de la calma. Apenas cuatro minutos habían pasado cuando Messi ya celebraba un gol que, tras una revisión técnica, quedó invalidado por posición adelantada. Argentina se movía, buscaba espacios, pero la defensa argelina cerraba las líneas con una disciplina que obligaba a los de Scaloni a redoblar esfuerzos. El mediocampo, con De Paul y Enzo Fernández trabajando a destajo, intentaba encontrar el ritmo justo en una cancha que se sentía pesada por el calor.
La respuesta argelina fue un golpe directo al mentón. El gol anulado a Chaibi encendió las alarmas de un equipo que, pese a su jerarquía, se vio sorprendido por la velocidad de los Zorros del Desierto. Emiliano “Dibu” Martínez tuvo que intervenir poco después en una jugada que pudo cambiar el destino del partido, confirmando que, en un Mundial, nadie regala nada y cualquier error se paga carísimo.
El capitán toma el control
Tras el sobresalto, Messi se puso el equipo al hombro. No es una frase hecha, es lo que se vio en el campo. Cada ataque argentino pasaba por sus pies, cada pausa llevaba su firma. Cuando recibió aquel pase preciso de Rodrigo De Paul a los 16 minutos, el escenario estaba listo. Con un par de amagues sutiles, generó el hueco y soltó un zurdazo que se clavó lejos del alcance del arquero. Fue, sin exagerar, el sello de un jugador que sigue escribiendo su historia mientras los demás apenas intentan seguirle el paso.
El resto del primer tiempo fue un monólogo de intentos argentinos para ampliar la ventaja, pero Argelia se mantuvo a flote gracias a la intervención de sus zagueros y un poco de fortuna en el último pase de la Albiceleste. Thiago Almada probó desde lejos, intentando aprovechar el envión anímico, pero el marcador no se movió más.
La mirada puesta en el futuro
El descanso llegó con la tranquilidad del resultado, pero con la sensación de que este grupo tiene mucho más para ofrecer. Scaloni, desde el banco, gesticulaba buscando mayor precisión en la salida, consciente de que los espacios que hoy cerró Argelia podrían ser una constante en los próximos partidos de la fase de grupos.
Para el hincha argentino que está en Estados Unidos, el resultado es lo que cuenta. Empezar ganando, con un Messi en modo estelar y un equipo que mantiene la solidez defensiva, es el mejor escenario posible. El camino hacia la final del 19 de julio es largo, pero esta tarde en Kansas City, la Selección dejó en claro que la ambición sigue intacta. El campeón del mundo no solo defiende su título; lo vuelve a poner sobre la mesa con la misma hambre de siempre.
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