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Carteles de Sinaloa y CJNG roban autos de lujo en EEUU y explican su uso

Cárteles mexicanos usan autos robados en EEUU: lujo para líderes y tácticos para operaciones, según investigación de Los Angeles Times.

Carteles de Sinaloa y CJNG roban autos de lujo en EEUU y explican su uso
Cárteles mexicanos emplean autos robados en EEUU para líderes y operaciones tácticas, revela investigación periodística.

Investigación revela el uso de vehículos robados por cárteles mexicanos

El Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) mantienen dos flotas de vehículos robados en Estados Unidos para diferentes propósitos: una de lujo para los líderes y otra de carácter táctico para sus células operativas. Este hallazgo se desprende de una investigación conducida por el periódico Los Angeles Times y firmada por el periodista Steve Fisher. El reportaje detalla que mientras los capos circulan en modelos como Cadillac Escalade y SUV de BMW, las camionetas más resistentes, como la Ford Raptor o la Ram, son modificadas para convertirse en vehículos blindados, conocidos en México como “vehículos monstruo,” para enfrentamientos armados.

La distinción entre ambos tipos de vehículos no es fortuita; cada modelo se adapta a una necesidad operativa específica dentro de la estructura criminal, abarcando desde el transporte de droga por terrenos difíciles hasta el símbolo de poder.

Mecánica de la operación de robo

El mecanismo detrás de ambas flotas es muy similar: operadores reclutados mediante redes sociales alquilan los vehículos en Estados Unidos utilizando sus identidades reales, contratan seguro contra robos y, al finalizar el plazo de alquiler, dejan el vehículo con las llaves dentro en el estacionamiento de la agencia. Posteriormente, un miembro del cártel recoge el vehículo y lo transporta hasta la frontera, sin que el alquiler original figure como robo hasta varios días después. En México, las placas son cambiadas y los vehículos son legalizados con ayuda de funcionarios corruptos, según detalla la investigación.

Los vehículos de mayor valor comercial están reservados casi exclusivamente para el uso personal de los líderes criminales. La Cadillac Escalade y las SUV de BMW lideran esta categoría. Según el reportaje, estos modelos ofrecen un amplio espacio interior, acabados de lujo y un valor simbólico en la jerarquía del narcotráfico; circular en una versión reciente de estas marcas es una demostración pública de poder económico.

Kevin Carter, propietario de la empresa Collateral Consultants, mencionó a LA Times que para los cárteles resulta más económico rentar uno de estos vehículos por unos cientos de dólares que adquirirlo.

Categoría táctica usada en el narco

La segunda categoría de vehículos responde a necesidades de logística y combate, no de estatus. Camionetas como la Ford Raptor, la Chevy Suburban y modelos de Toyota y Ram son valoradas por su capacidad de tracción en terrenos difíciles, la resistencia del chasis y la potencia del motor, características que les permiten transportar droga por rutas alejadas de los puntos de control fronterizo.

El sargento Juvey Mejía, del Departamento de Policía de Los Ángeles, explicó al medio el criterio detrás de esta preferencia: “Cualquier vehículo capaz de transitar por terrenos difíciles para eludir a la Patrulla Fronteriza y así transportar droga”. Esta funcionalidad transforma a las camionetas pickup en una herramienta logística en la cadena de distribución, más que en un medio de transporte.

Una parte de estas unidades recibe modificaciones artesanales como los “mutant tanks”, conocidos en México como vehículos monstruo. El proceso incluye la instalación de blindaje de acero pesado a prueba de balas, aberturas para disparar desde el interior y soportes fijos para armas largas, todo pensado para enfrentar a cárteles rivales o a las fuerzas de seguridad en disputas territoriales.

Documentación de casos de robo

Los casos documentados en la investigación permiten delinear un patrón de preferencias entre ambas organizaciones. El Cártel de Sinaloa está vinculado al robo de seis unidades Jeep Wrangler modelo 2026, sustraídas en Oakland y Las Vegas, de las cuales investigadores privados lograron recuperar cuatro. Esta organización también figura en una investigación en Colorado, donde la fiscalía estatal acusó en 2024 a 17 personas de robar 190 camionetas Ford F-150 y SUV de lujo cerca del aeropuerto de Denver, evaluadas en casi 10 millones de dólares, para luego intercambiarlas por cocaína, fentanilo y metanfetaminas.

En contraste, el CJNG concentra su actividad documentada en el robo de camionetas Ram. Diez unidades nuevas fueron robadas de los aeropuertos de Oakland, Los Ángeles y Las Vegas, y terminaron en zonas de Jalisco bajo control del cártel; solo una fue recuperada con apoyo del Ejército mexicano en un operativo donde también se decomisaron armas Browning y Barrett calibre .50.

La fragmentación interna de ambos cárteles explica parte de este patrón vehicular. El Cártel de Sinaloa enfrenta una pugna entre los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, apodados “Los Chapitos”, y una facción rival conocida como La Mayiza por el control de la organización, mientras que el CJNG ha expandido su presencia hacia Michoacán, Chiapas y Baja California, llevando a enfrentamientos en múltiples frentes que requieren más vehículos para transporte y combate.

La semana en que se publicó la investigación, los mismos investigadores privados que documentaron estos casos recibieron solicitudes adicionales para rastrear una docena de camionetas Ram localizadas en el estado de Sinaloa y siete unidades más en Durango, sugiriendo que el flujo de vehículos robados hacia ambas organizaciones continúa activamente.

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