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El nuevo rol de Uruguay en el sistema de las Naciones Unidas
Como un promotor de la paz y un «facilitador honesto» entre las naciones, así presentó el canciller Mario Lubetkin a Uruguay al asumir la presidencia del Grupo de los 77 (G77) en Nueva York. En un contexto internacional marcado por la erosión del derecho internacional y una conflictividad que no se veía desde mediados del siglo pasado, el jefe de la diplomacia uruguaya ratificó el compromiso histórico del país con la resolución pacífica de controversias. Este hito marca la primera vez en 62 años que Uruguay asume la conducción de este bloque, el más numeroso dentro de la Organización de las Naciones Unidas.
La alocución de Lubetkin no evitó los temas ríspidos de la agenda regional, mencionando la inestabilidad que atraviesa el continente tras los recientes eventos en Caracas. En este sentido, reafirmó que Uruguay, como promotor de la paz, busca fortalecer los mecanismos de diálogo a través de instancias como el Consenso de Brasilia y la futura presidencia de la CELAC que el país asumirá a finales de marzo. La visión del gobierno de Yamandú Orsi es clara: en un mundo que aumenta su gasto militar, la apuesta uruguaya debe ser la inversión en asistencia humanitaria y diplomacia de cercanía.
Los pilares de la gestión de Uruguay como promotor de la paz
Para este 2026, la agenda liderada por Montevideo se centrará en tres áreas críticas que buscan equilibrar la balanza entre los países desarrollados y el Sur Global. Uruguay se proyecta como un promotor de la paz que no solo atiende conflictos armados, sino que también busca la estabilidad económica a través de una reforma profunda de las instituciones financieras internacionales. Lubetkin insistió en la necesidad de que los bancos multilaterales de desarrollo garanticen una representación más equitativa, permitiendo que las naciones en desarrollo tengan voz y voto real en las decisiones que afectan su sostenibilidad.
Asimismo, se dará una prioridad absoluta a la implementación de la Agenda 2030, bajo la premisa de que no existe desarrollo sostenible sin estabilidad política previa. Como promotor de la paz, Uruguay buscará identificar ámbitos comunes dentro de la enorme diversidad del G77, respetando los enfoques nacionales pero empujando posiciones consensuadas ante la Asamblea General. El canciller destacó que la experiencia uruguaya en misiones de paz es un activo que le otorga credibilidad para coordinar estas negociaciones complejas en un escenario global fragmentado.
El respaldo internacional y la Iniciativa ONU80
El cierre de la ceremonia contó con un espaldarazo significativo para la diplomacia nacional. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, se declaró un «admirador de Uruguay», destacando que la justicia social está en el ADN del país desde su concepción como Estado de bienestar. Esta validación refuerza la posición uruguaya para liderar procesos de reforma interna en el organismo, particularmente en la denominada Iniciativa ONU80. Uruguay, actuando como promotor de la paz, evaluará el impacto de estas reformas en la credibilidad y eficacia de la organización matriz.
La tarea que afronta el Ministerio de Relaciones Exteriores no es menor, considerando que los niveles de conflictividad entre Estados son los más altos desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el prestigio acumulado por Uruguay en el terreno de las operaciones de mantenimiento de la paz sirve como cimiento para esta nueva etapa. La presidencia del G77 no es solo un cargo administrativo, sino una plataforma para que el país demuestre su capacidad de tender puentes en un momento donde la fuerza parece querer imponerse sobre la razón jurídica.
¿Logrará Uruguay, en su condición de pequeño promotor de la paz, influir realmente en la reforma de los organismos financieros que hoy asfixian a gran parte del bloque del G77?