Una multitudinaria marcha ciudadana que exigía mejoras en la calidad del suministro de agua potable en la Zona Metropolitana de Guadalajara finalizó este domingo 18 de octubre con graves incidentes de violencia en el estado mexicano de Jalisco. Grupos de personas encapuchadas lanzaron artefactos explosivos y bombas molotov contra la sede principal del Congreso del Estado y el Palacio de Gobierno, provocando incendios en los accesos y destrozos en las fachadas públicas.
La convocatoria, que constituyó la segunda protesta consecutiva por la crisis hídrica en la región, había comenzado por la mañana en el Parque de la Revolución de manera pacífica, integrando a contingentes de estudiantes, familias y vecinos golpeados por la contaminación y escasez del recurso básico. Sin embargo, a medida que la columna avanzó hacia el centro histórico, la presencia de grupos radicalizados desató momentos de alta tensión, opacando el reclamo de los manifestantes.
Inmuebles históricos bajo fuego y tensión policial
El punto de mayor gravedad se registró en la entrada principal del edificio legislativo de Jalisco, donde manifestantes con el rostro cubierto arrojaron bombas molotov y artefactos pirotécnicos que provocaron un incendio sobre la puerta de madera del recinto. Ante el avance de las llamas y los intentos de vulnerar el acceso, efectivos de la policía estatal desplegaron un cerco de contención alrededor del Congreso para evitar la toma del inmueble.
En forma simultánea, el Palacio de Gobierno fue objeto de ataques con objetos contundentes, pintura, piedras y vidrios. Grupos violentos intentaron derribar los portones utilizando vallas metálicas y cadenas, al tiempo que lanzaron explosivos hacia el interior del edificio gubernamental. Durante la cobertura de los destrozos, diversos equipos periodísticos y camarógrafos de televisión sufrieron hostigamiento y agresiones verbales por parte de los encapuchados, quienes los obligaron a interrumpir las transmisiones en directo.
Denuncias de infiltración y llamado del Gobierno estatal
Frente a la escalada de violencia, manifestantes pacifistas y organizadores de la marcha intentaron en reiteradas oportunidades frenar las agresiones, pidiéndole a los encapuchados que se apartaran del contingente. Incluso, tres hombres señalados por accionar detonadores dentro de la multitud fueron retenidos por los propios asistentes y entregados a los agentes policiales presentes en la zona.
Antes de que se concretaran los ataques a los edificios públicos, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, se pronunció sobre el desarrollo de la jornada y advirtió sobre la presencia de grupos infiltrados armados con tubos, palos y bombas caseras. El mandatario instó a mantener las movilizaciones por vías pacíficas y aseguró que las fuerzas de seguridad actuarían con cautela para evitar enfrentamientos mayores en la vía pública.
Hasta el momento, las autoridades locales no han emitido un saldo definitivo sobre el costo económico de los daños materiales ni sobre la cifra de detenidos o personas lesionadas tras las intensas refriegas en la capital jalisciense.






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