La relación bilateral entre Uruguay y Argentina ha sumado un nuevo capítulo de fricción logística y diplomática que requiere una sintonía fina por parte de la cancillería. El centro de la polémica radica en la operativa del aeropuerto de Carrasco como punto de escala para aeronaves de la Real Fuerza Aérea británica provenientes de las Islas Malvinas. Ante las denuncias de las autoridades de Tierra del Fuego sobre supuestas irregularidades en el uso del espacio aéreo, el embajador uruguayo en Buenos Aires, Diego Cánepa, tomó la iniciativa de formalizar una respuesta detallada para apaciguar los ánimos y reafirmar la postura histórica de Montevideo frente al reclamo de soberanía de los vecinos platenses.
El informe de Diego Cánepa y la «excepción» humanitaria
La controversia escaló cuando el secretario de asuntos internacionales de Tierra del Fuego, Andrés Dachary, denunció que un Airbus militar habría operado de forma sospechosa, incluso apagando sus sistemas de identificación (transponder) mientras sobrevolaba áreas sensibles. En su misiva, Diego Cánepa fue enfático al desglosar cada uno de los movimientos registrados en las últimas semanas. El diplomático uruguayo argumentó que el paso de los Airbus A400 M y A330-243 respondió estrictamente a permisos vigentes para estados extranjeros, fundamentados en razones de naturaleza compasiva y de emergencia médica.
Uruguay mantiene una tradición de asistencia sanitaria a los habitantes de las islas, quienes históricamente han recurrido al Hospital Británico de Montevideo para tratamientos complejos. Según el embajador, tres de los vuelos cuestionados fueron traslados sanitarios que transportaban pacientes hacia la capital uruguaya. Otros movimientos fueron atribuidos a escalas técnicas forzadas por condiciones meteorológicas adversas en las rutas que conectan el archipiélago con San Pablo y la Isla Ascensión. Con esta explicación, Cánepa busca separar la operativa logística de cualquier interpretación de apoyo militar o logístico a la ocupación británica.
El reclamo peronista por la «militarización» del Atlántico Sur
Desde el lado argentino, la administración de Tierra del Fuego mantiene una postura de tolerancia cero frente a lo que consideran una consolidación del colonialismo en la región. Dachary criticó duramente que se permita el uso de infraestructuras civiles para aviones de guerra, señalando que estas acciones desalientan los esfuerzos por frenar el extractivismo y la militarización en el Atlántico Sur. Para el funcionario peronista, la característica de avión militar de las aeronaves mencionadas por Diego Cánepa invalida cualquier justificación técnica de rutina, exigiendo una postura más firme por parte del gobierno uruguayo.
Incertidumbre sobre el transponder y rastreo de vuelos
Uno de los puntos que la carta de Cánepa no pudo despejar con precisión fue el presunto apagado del radar del Airbus A400 M. El embajador admitió que Uruguay no posee datos específicos sobre el comportamiento técnico de la nave durante ciertos tramos de su trayecto sobre el Atlántico. Sin embargo, plataformas de rastreo civil como FlightAware confirmaron que la aeronave operó de forma intensa entre la base de Mount Pleasant y Montevideo durante la segunda semana de abril, permaneciendo en suelo uruguayo varios días antes de retornar a las islas o continuar viaje hacia otros destinos internacionales.
Soberanía y compromiso histórico inalterado
Pese a los detalles operativos brindados, Diego Cánepa utilizó el documento para recordar a las autoridades argentinas que el apoyo de Uruguay a la soberanía sobre las Malvinas es una política de Estado «invariable y consistente. El embajador subrayó que el compromiso con los derechos argentinos se mantiene en todos los foros internacionales. La tensión actual pone a prueba la capacidad de Uruguay para equilibrar sus obligaciones humanitarias internacionales con la sensibilidad política de un vecino que observa con desconfianza cualquier movimiento que fortalezca el puente aéreo entre Montevideo y el enclave británico.
La respuesta de Cánepa intenta cerrar un flanco crítico en la agenda exterior, aunque el malestar en las provincias del sur argentino persiste. Para la diplomacia uruguaya, el desafío es demostrar que el aeropuerto de Carrasco es un puerto de refugio humanitario y no un eslabón logístico para el Reino Unido. Mientras tanto, el gobierno de Javier Milei es presionado por los sectores peronistas para que exija mayores controles sobre estos sobrevuelos, en un escenario donde la geopolítica del Atlántico Sur vuelve a recalentarse por cuestiones de logística aérea.
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