Acuerdo Mercosur-Unión Europea: el día que Uruguay le ganó a la burocracia
Parecía un cuento de nunca acabar, una de esas historias que nuestros nietos iban a seguir escuchando en las noticias, pero el Acuerdo Mercosur-Unión Europea finalmente vio la luz. Y no es solo un papel firmado para la foto: es un cambio de reglas de juego que va a hacer que a partir de mayo, el campo uruguayo respire aliviado. La noticia cayó como una bomba bendita este viernes: la Unión Europea aplicará el acuerdo de forma provisoria y Uruguay, rápido de reflejos, ya tiene el calendario en la mano. Se terminaron los aranceles del 20% para nuestra carne estrella, y eso, en buen romance, es una montaña de dólares que se quedaba en Europa y ahora vuelve para acá.
La subsecretaria de Cancillería, Valeria Csukasi, lo dejó clarito en una charla que despertó a más de uno: «En mayo arranca la desgravación». El suspenso de años se resolvió con una decisión política de Ursula von der Leyen que pasó por arriba de los que querían seguir pedaleando el asunto. El tratado Mercosur–UE no es solo para los grandes frigoríficos; es un oxígeno para toda la cadena productiva que veía cómo otros países nos sacaban ventaja mientras nosotros seguíamos pagando peajes medievales para entrar a los mercados más caros del mundo.
El fin del arancel del 20% para la Cuota Hilton
La joya de la corona en este tratado de libre comercio (TLC) Mercosur–UE es, sin duda, la carne. Uruguay tiene asignadas 5.600 toneladas de la famosa Cuota Hilton. Hasta hoy, por cada bife que mandábamos, el 20% se lo quedaba la aduana europea. ¡Un robo a mano armada! Pero a partir de mayo, ese arancel desaparece de un plumazo. «De un día para el otro ese arancel pasa a cero», celebró Csukasi. Es un ejemplo concreto de cómo la diplomacia, cuando labura bien, le llena la heladera a la gente.
Pero ojo, que no es solo carne. El acuerdo de asociación económica Mercosur–UE trae bajo el brazo nuevas cuotas para la miel y el arroz, productos donde el Uruguay es potencia pero siempre rebotaba contra las protecciones europeas. Hay una lista larguísima de productos que desde el «día uno» van a entrar pagando menos o nada. Es la oportunidad de oro para que el pequeño exportador uruguayo se anime a cruzar el charco grande con sus productos bajo el brazo.
¿Qué pasa con lo que compramos nosotros?
La pregunta del millón es si nos van a «inundar» con productos europeos. El instrumento de integración birregional pensó en eso y nos dio una ventaja: mientras ellos nos abren la puerta ya mismo, nosotros vamos a ir bajando los aranceles de a poquito, en un proceso que puede durar hasta 15 años. Es una forma de proteger a la industria nacional para que no la pasen por arriba de la noche a la mañana. La soberanía no se regala, se negocia con inteligencia, y parece que esta vez el equipo uruguayo se trajo los puntos de visitante.
Carne Hilton: Arancel 0% desde mayo. ¡Victoria total!
Nuevas cuotas: Miel y arroz entran en el baile con beneficios escalonados.
Cronograma espejo: Los productos europeos bajarán de precio acá, pero mucho más lento.
Exclusividad: Ni Bolivia ni Panamá se suben a este tren; el beneficio es para los fundadores del bloque.
El último manotazo de ahogado de los eurodiputados
No todo fue color de rosa. Hubo un intento de última hora de algunos eurodiputados de mandar el acuerdo al tribunal para frenarlo dos años más. Pero la Comisión Europea se cansó de las vueltas y decidió aplicar el Acuerdo Mercosur-Unión Europea de forma provisional. Fue un «basta de joda» a nivel internacional. Csukasi fue tajante: eran tácticas dilatorias que ya no tienen lugar. Uruguay y sus socios ya aprobaron todo, y ahora solo resta la burocracia final de 60 días para que en mayo estemos brindando con vino nacional en copas europeas.
Conclusión editorial
Este es, quizás, el acuerdo más importante de la historia reciente del Uruguay. El Acuerdo Mercosur-Unión Europea nos saca del rincón del mundo y nos pone a jugar en la Champions League del comercio. A llorar al campito con los que decían que el Mercosur estaba muerto; esto demuestra que cuando hay voluntad política, las fronteras se caen. Ahora el desafío es nuestro: producir más y mejor, porque el mercado más exigente del planeta acaba de abrirnos la puerta de par en par. ¡A laburar que se termina el recreo!
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