Acomodo del Frente Amplio es la frase que resume el sentimiento de los salteños tras conocerse la resolución del pasado 6 de mayo de 2025. Mientras el país pelea contra la inflación y los usuarios de la salud pública sufren carencias, la Administración de los Servicios de Salud del Estado (ASSE) oficializó un cargo que huele a rancio. Fuentes del propio Frente Amplio señalaron a Uruguay Al Día, que se trata de la designación de María Julia Ruggeri Suárez como Adjunta a la Dirección de la Red de Atención Primaria (RAP) de Salto, un movimiento que desnuda la cara más sucia del nepotismo en el litoral.
Lo que genera una mezcla de asco y vergüenza ajena no es solo la creación del cargo, sino el árbol genealógico de la beneficiada. Ruggeri Suárez es nada menos que la esposa de Luis Alonso, el actual presidente del Frente Amplio en Salto. Este vínculo directo entre el poder partidario y el beneficio personal expone una trama de favores que la coalición de izquierda parece haber convertido en su manual de funciones. Para ellos, el reparto de cargos Frente Amplio ya no es un error, es un método de supervivencia para cuidar a los propios mientras el sistema de salud se cae a pedazos.
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El nepotismo como bandera y el acomodo del Frente Amplio
En el litoral profundo, donde las necesidades de salud son urgentes, esta resolución cae como un insulto a la inteligencia de los salteños. No es una cuestión de méritos académicos ni de trayectoria profesional, es la confirmación de que el parentesco funciona como el atajo más rápido hacia el sueldo del Estado. El reparto de cargos en este caso es tan evidente que ni siquiera los formularios de declaración jurada logran limpiar la mancha de inmoralidad que rodea al nombramiento. Mientras el discurso público habla de transparencia, la práctica real muestra el rostro más sucio del nepotismo.

Documento oficial que sella el acomodo del Frente Amplio en ASSE Salto.
La estructura política que lidera Andrés Lima en el departamento parece haber normalizado estas prácticas, justificando lo injustificable bajo un manto de disciplina partidaria. La designación interna se vuelve entonces una herida abierta en la confianza pública, donde la ética se sacrifica en el altar de los intereses familiares. ¿Cómo se le explica al usuario de ASSE, que hace colas de madrugada para conseguir un turno, que la esposa del presidente del partido de gobierno local acaba de conseguir un despacho oficial por el simple hecho de compartir el apellido?
La crisis ética detrás del acomodo del Frente Amplio en Salto
Resulta verdaderamente penoso observar cómo los sectores de izquierda en Salto defienden estas designaciones con uñas y dientes. Para ellos, no hay «dignidad arriba ni regocijo abajo», solo hay cargos para los amigos y paciencia para el pueblo. La movida política del Frente Amplio en la RAP de Salto es el síntoma de una enfermedad terminal en la moral política de quienes prometían ser diferentes. Hoy, el privilegio tiene nombre y apellido, y se sirve en bandeja de plata oficial mientras los servicios de salud básica siguen pidiendo sacrificios constantes a los más necesitados.
Esta resolución firmada en mayo no es un hecho aislado, es el broche de oro a una gestión que ha perdido el rumbo y el pudor. El acomodo político del Frente Amplio deja al descubierto que, para ciertos dirigentes, el Estado no es un lugar de servicio, sino un botín de guerra para repartir entre parientes y allegados. Es una cachetada a la militancia honesta que todavía cree en ideales y que hoy debe agachar la cabeza ante la desvergüenza de sus líderes. La memoria selectiva del Frente Amplio en Salto es asombrosa: olvidan las necesidades del pueblo, pero nunca el número de documento de sus esposas a la hora de las designaciones.
Un cargo que duele y un acomodo del Frente Amplio que indigna
No alcanza con que un nombramiento sea legal si en el fondo es profundamente inmoral y carente de toda ética republicana. El acomodo del Frente Amplio en la figura de Ruggeri Suárez es un monumento a la desvergüenza que debería hacer crujir las bases de la coalición. Cuando el poder se utiliza para acomodar amigos en lugar de mejorar la atención de salud, se rompe el contrato social con la gente. En Salto, el mensaje es claro: si sos «esposa de», las puertas de ASSE se abren de par en par, mientras para el resto solo hay esperas y carencias.
Este episodio marca un punto de no retorno en la percepción pública sobre la transparencia en el interior del país. El acomodo del Frente Amplio ya es parte del paisaje político salteño, una mancha que no se borra con comunicados ni con excusas administrativas. La pregunta que queda flotando en el aire no es si Ruggeri Suárez está capacitada, sino si habría llegado a ese despacho si su marido no fuera el dueño de los votos y de las decisiones en la interna frentista local.
¿Le queda algo de vergüenza a la dirigencia de Salto o el acomodo del Frente Amplio ya es la única política de Estado que saben ejecutar con eficiencia?