En el marco de la visita del papa León XIV a la región, el reconocido biógrafo, historiador y analista religioso británico Austen Ivereigh se presentó en la Universidad del Salvador para ofrecer una conferencia sobre el cambio de época en la Iglesia Católica. Durante su exposición y en diálogo periodístico, el autor de «El gran Reformador» analizó las claves de la transición entre el pontificado de Jorge Mario Bergoglio y la elección de su sucesor.
Ivereigh, quien fue coautor junto a Francisco del libro Soñemos Juntos, sostuvo que el pontífice argentino —elegido a una edad avanzada y con la previsión inicial de un papado breve— tuvo el tiempo necesario para planificar la continuidad de su legado pastoral. Según el historiador, esa estrategia tuvo un hito decisivo en 2023, cuando Bergoglio convocó a Robert Prevost a Roma para ponerlo al frente del Dicasterio para los Obispos.
El eje latinoamericano y la designación en Chiclayo
De acuerdo con el análisis de Ivereigh, la hoja de ruta que guía el actual pontificado de León XIV se inauguró en noviembre de 2013 con la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, un documento con profundas raíces en las conclusiones de la Conferencia de Aparecida redactadas años antes por el propio Bergoglio.
En ese sentido, el biógrafo recordó que en 2015 Francisco nombró a Prevost como obispo de Chiclayo, en Perú, encomendándole una profunda conversión eclesial y misionera de esa diócesis. Tras años de trabajo pastoral en el territorio, el traslado de Prevost al Vaticano en 2023 para supervisar la selección de obispos a nivel global representó, según Ivereigh, una decisión clave del papa argentino para ubicarlo en una posición central ante un eventual cónclave.
Las razones del frustrado viaje a Argentina
Ivereigh abordó además una de las mayores incógnitas del pontificado de Bergoglio: los motivos por los cuales nunca llegó a concretar una visita oficial a su país natal. El escritor explicó que el pontífice rechazaba de forma categórica el «triunfalismo» y temía que su presencia pudiera ser utilizada de manera centrípeta, alejando la atención de la misión religiosa.
Asimismo, el analista reveló que el propio Francisco le confesó en su momento que deseaba viajar a la Argentina con el objetivo de «ayudar a cerrar la grieta y no para profundizarla». Sin embargo, las condiciones políticas locales y el posterior deterioro de su estado de salud terminaron por posponer de forma definitiva el regreso del pontífice a su patria.





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