Un espectáculo astronómico originado por el cometa Halley
Durante todo el mes de octubre, la Tierra atraviesa una franja del espacio ocupada por los escombros acumulados tras el paso del cometa 1P/Halley. Este cruce orbital da origen a la lluvia de meteoros conocida como Oriónidas, un fenómeno astronómico de escala global que destaca por la intensidad y velocidad de sus destellos en el cielo nocturno.
Según la Sociedad Estadounidense de Meteoros (American Meteor Society), el pico máximo de actividad de las Oriónidas en 2026 se concentra entre la noche del miércoles 21 y la madrugada de este jueves 22 de octubre. Las mediciones de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) destacan a esta lluvia como una de las más vistosas del calendario anual, debido al brillo característico de las partículas y a la alta velocidad a la que ingresan en la atmósfera terrestre.
El fenómeno resulta apreciable desde ambos hemisferios del planeta. No obstante, las condiciones de observación en las primeras horas de la noche se ven condicionadas por la presencia de una luna de tamaño considerable en la bóveda celeste, lo que disminuye el contraste para detectar las estelas más tenues.

Velocidad de impacto y origen de los destellos luminosos
El proceso de generación de los meteoros ocurre cuando los fragmentos de roca y polvo liberados por el cometa Halley entran en contacto con la atmósfera superior a una velocidad aproximada de 66 kilómetros por segundo. La fricción violenta con el aire calienta los materiales hasta su desintegración, produciendo los trazos brillantes denominados popularmente estrellas fugaces.
Dada la rapidez con la que viajan las partículas de las Oriónidas, es frecuente que dejen tras de sí estelas incandescentes que permanecen visibles durante varios segundos o incluso minutos. En ocasiones excepcionales, los fragmentos de mayor tamaño generan bolas de fuego, consistentes en explosiones de luz prolongadas que destacan en la oscuridad.
El nombre de esta lluvia proviene de su radiante, el punto geométrico desde el cual aparentan brotar los meteoros para un observador terrestre. Dicho punto se sitúa en la constelación de Orión, al norte de la estrella Betelgeuse. Sin embargo, la NASA aclara que la constelación funciona únicamente como una guía visual de referencia. Para apreciar los trazos más largos y llamativos, los especialistas recomiendan enfocar la mirada entre 45 y 90 grados de distancia de la posición del radiante.

Recomendaciones de observación para el hemisferio sur
Para los observadores ubicados en el hemisferio sur, la NASA sugiere recostarse en el suelo con los pies orientados en dirección noreste, manteniendo la vista hacia la parte más elevada del cielo. Un lapso de adaptación a la penumbra de aproximadamente 30 minutos permite que la vista se ajuste adecuadamente para percibir los destellos de luz.
En coincidencia con estas pautas, desde el Planetario Galileo Galilei de Buenos Aires remarcan que el factor determinante para una buena observación es evitar la contaminación lumínica urbana, sin que se requiera el uso de telescopios ni binoculares. Las proyecciones de la institución técnica señalan que en áreas rurales o alejadas de las ciudades es posible divisar entre 10 y 15 meteoros por hora durante el momento pico, mientras que en los centros urbanos iluminados la cifra se reduce a solo unas pocas unidades.
Aunque el pico máximo ocurre en la madrugada del jueves 22 de octubre, el período general de actividad de las Oriónidas se extiende desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre de 2026, lo que mantiene vivas las oportunidades de observación en las noches subsiguientes.
El legado del cometa Halley y próximas citas astronómicas
El cuerpo progenitor de esta lluvia de meteoros es el cometa 1P/Halley, cuyo núcleo mide aproximadamente 16 por 8 kilómetros. El objeto completa una órbita alrededor del Sol cada 76 años. La última oportunidad en que el cometa fue observado a simple vista ocurrió en el año 1986, y no volverá a aproximarse al sistema solar interior hasta el año 2061. Su nombre rinde homenaje al astrónomo Edmond Halley, quien en 1705 determinó la periodicidad de su trayectoria.
Además de las Oriónidas de octubre, los granos de polvo desprendidos por el Halley generan una segunda lluvia de meteoros anual: las Eta Acuáridas, que registran su impacto atmosférico durante el mes de mayo.
Para quienes no logren contemplar los destellos en esta oportunidad, la siguiente cita relevante en el calendario astronómico regional corresponderá a las Táuridas del Sur. Esta lluvia alcanzará su punto de máxima actividad el próximo 5 de noviembre, en coincidencia con una fase de luna creciente que ofrecerá un entorno de mayor oscuridad y visibilidad.






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